De paso

Una semana de buenas noticias

Es poco frecuente celebrar buenas decisiones en un país que, querámoslo o no, está sumergido en una profunda crisis de legitimidad. La semana pasada ha sido una excepción. Sin duda, es laudatorio que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) haya obsequiado el amparo a cuatro personas para el consumo lúdico de la mariguana. La experiencia nos dice que las prohibiciones tienden a generan violencia y engrandecen los problemas de un país. Recuérdese la prohibición decretada por el gobierno estadunidense entre 1919 y 1933 para "que el país fuera más sano" bajo la premisa de que las bebidas alcohólicas son dañinas para la sociedad. Trece años de abstinencia. El supuesto nodular para la prohibición fue que "nacería una nueva (y sana) nación". El senador Volstead, un destacado promotor de esa enmienda, creyó que con la medida la delincuencia disminuiría y las cárceles quedarían vacías. Su falsa premisa era que el alcohol era la causa del delito.

Durante la década de los años 20, la medida generó lo contrario a lo supuesto: la producción clandestina de alcohol prosperó como nunca, los precios de los licores se incrementaron desorbitadamente y, lo peor, emergieron grupos dedicados al negocio ilícito que produjeron violencia y muerte. Al Capone es el ejemplo emblemático. La prohibición elevó el abuso del alcohol, proliferaron los bares clandestinos y un enorme número de personas vieron dañada su salud por la ingesta alcohólica. El costo en el rubro de salud se incrementó significativamente para atender las consecuencias del uso y abuso de las bebidas embriagantes (cirrosis, ceguera, incapacidades de diversos tipos, etcétera). Al abolirse la prohibición y legalizar el uso y comercialización del alcohol trajo consigo una disminución de la violencia y la erradicación de los grupos delincuenciales y sus ganancias. El Estado recuperó el control de este rubro.

En muchos sentidos, la decisión del SCJN abre un camino que puede tener similitudes con el caso estadunidense descrito. No se ha legalizado el uso de la mariguana, pero la sentencia de la Corte es una señal plausible de la plena independencia de ese órgano colegiado y, sobre todo, las consecuencias positivas que puede traer en el corto plazo para combatir un flagelo que la fuerza y los recursos del Estado han sido incapaces de mitigar. Por tanto, bienvenida una decisión que es trascendental para la sociedad mexicana toda.

La otra buena noticia es la decisión que tomó la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México. No debe haber sido una decisión fácil, ya que la deliberación fue prolongada. Se tenía, al menos, una quinteta de universitarios que habrían cumplido satisfactoriamente con el encargo de conducir a planos más elevados a la institución insigne de la educación superior en México. Designaron al doctor Graue, un médico (no lo conozco, para aclarar). Será, el jefe nato de la universidad. Es una buena noticia porque la Junta de Gobierno tomó una decisión que garantiza la continuidad para consolidar lo logrado en los últimos tres lustros y, más aún, llevar a planos superiores a nuestra máxima casa de estudios. Esta designación despeja las dudas de que "desde el exterior" se pretendía manipular a la UNAM. La Junta de Gobierno acertó. Dos decisiones, ésta y la de la SCJN, hicieron de la semana pasada un oasis para hacer creer que nuestras instituciones, cuando se lo proponen, pueden funcionar.

De paso: la semana habría sido todavía mejor, pero la opacó el otorgamiento de la medalla Belisario Domínguez al señor Baillères.

jreyna@colmex.mx