De paso

¿Sin rumbo?

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), México tendrá un crecimiento económico de 1.2 por ciento este año, menos de la mitad de lo que se estimó a principios del mismo. Una cifra inferior al crecimiento de la población. Se esgrimen diversas explicaciones al respecto. Una es el freno al gasto público por parte del gobierno federal, pese a que las autoridades hacendarias insisten en que éste va en tiempo y forma. México será uno de los países que mostrará este año, considerando el escenario internacional, menor dinamismo económico en comparación con el resto. Su economía está estancada. En América Latina crecerá por debajo del promedio de la región. Como consecuencia, el nivel de pobreza se incrementará. Tómese como evidencia la casi nula generación de empleos formales (menos de 3 mil en julio pasado, según el IMSS).

El mal pronóstico económico coincide con diversos problemas. Los meteoros que azotaron simultáneamente las dos costas del país lo han puesto en jaque. Los trabajos de reconstrucción de las zonas afectadas es todavía incuantificable, pero, sin duda, de enormes dimensiones. De acuerdo con algunas estimaciones, la reconstrucción y rehabilitación de los daños ocasionados por las tormentas pluviales podría ser de 0.5 por ciento del PIB: 75 mil millones de pesos (Casillas, El Financiero, 8/X/13).

La reforma hacendaria, en curso de discusión, no tenía contemplada esa cantidad en su proyecto de presupuesto para el año entrante. Falta saber, además, el impacto que tendrán los diluvios en el índice de inflación, ante la inminente carestía de algunos productos provenientes de las zonas afectadas por las inundaciones. Qué decir de los recursos que tendrán que ser erogados para solucionar, en parte, las viviendas (mal) construidas por las inmobiliarias zopilote (ávidas de ganancia) en casi todas las regiones afectadas. Una reforma hacendaria con tintes más recaudatorios que redistributivos, tiene lugar en la peor coyuntura para que se apruebe: una situación en que la devastación ha irrumpido en el país, junto con una economía, por ahora, al borde de la recesión.

Coinciden los problemas actuales del país con el hecho irrefutable de que el secuestro y la extorsión van al alza, al contrario del desempeño económico nacional. En estos días aciagos, se conoció un intento de secuestro virtual a un grupo de españoles que no tardó en difundirse a nivel mundial. El País, reconocido diario español, alertó a sus ciudadanos, como lo han hecho varias veces los rotativos y las autoridades estadunidenses para que sus ciudadanos se abstengan de venir a turistear a México. ¿Qué se puede esperar cuando algunos miembros de la policía local del DF (el secuestro de un colombiano) y varios agentes federales formaban parte de una banda de secuestradores en Acapulco?: una sensación de desprotección. Lo anterior demuestra que la corrupción sigue imperando dentro de una parte del sistema policiaco; hay una colusión con la delincuencia organizada. Qué decir del sistema judicial que no deja de dar sorpresas en cuanto a sus decisiones (Caro Quintero, la exoneración de un Salinas de Gortari, etcétera): todo esto lleva a afirmar que nuestro país navega sin rumbo.

El turismo es una de las principales fuentes de divisas de este país. Los secuestros virtuales o las extorsiones reales tienden al alza y ahora se dirigen a ciudadanos de otros países. Da la impresión de que hay una estrategia para matar una de las gallinas de los huevos de oro: el turismo. ¿Quién tendrá ganas de venir a este país cuando la impunidad y la extorsión se pasean campantes por todos lados? ¿Cómo venir a México cuando la capital de la República es tomada por un grupo de maestros y proyectan lo peor que puede mostrarse de un país?: la violencia sin freno, a la par de una policía replegada y una autoridad rebasada.

Son muchas coincidencias por las que el país sale mal librado. La administración presidencial actual tiene que demostrar que los retos de la naturaleza y el

mal desempeño de algunas de sus autoridades (las policías) son superables. Se necesitará talento político para que esas coincidencias indeseables no malogren lo que se proyectó a principios de esta administración presidencial: las reformas estructurales, las que cada día encuentran un nuevo grado de dificultad. Una reforma fiscal en medio del desorden y en el umbral de la recesión no luce factible de que sea aprobada por la ciudadanía. Tanta coincidencia lo impide. ¿Qué será de la energética? ¿Sin rumbo?