De paso

La presa de Padrés

El gobierno de Padrés y Grupo México van de la mano. Uno en el ámbito público, otro en el privado. Ambos comparten una cosa: han abusado del poder que se les confirió y han rebasado los límites de las concesiones.

De qué tamaño serán las irregularidades en las que el gobernador sonorense está envuelto, que la presa construida en su rancho Pozo Nuevo se “colapsó”. La versión que divulgó el gobierno de Sonora fue “que el arroyo Los Manzanos destruyó el muro de contención de la presa”. El “coletazo” del huracán Odila, según esa versión, contribuyó a que dicho arroyo, en su crecida, arrasara con una obra de ingeniería dotada de alta tecnología, destinada al riego por goteo y con pozos electrificados para irrigar 300 hectáreas de nogales (lasillarota.com, 21/IX/14).

Sin embargo, la versión alternativa del colapso de la presa indica que fue demolida por la mano del hombre; en otras palabras, deliberadamente. Para lograrlo se recurrió a ingenieros especializados. Se dinamitó la presa y, con ella, los millones de pesos que ahí se habían invertido: una obra de 80 metros de alto y 120 metros de largo con capacidad de almacenaje de 4 millones de metros cúbicos de agua. Mientras, en su alrededor, la población padeciendo la escasez de agua y, de tenerla, contaminada por el derrame tóxico provocado por Grupo México.

Es probable que en el cálculo hecho por el gobernador Padrés resultase más barato destruir la presa, antes que enfrentar las consecuencias legales que la misma le traería por las irregularidades y falta de permisos de los que adolecía. En las redes sociales, se mostraron fotografías que ilustran que antes de 2010 (el funcionario asumió el gobierno del estado en 2009) no había indicios de construcción alguna en tanto que en 2014 se divulgó la evidencia que la construcción de esa obra estaba concluida.

Sin embargo, la prueba más contundente fue ofrecida en el programa Punto de Partida de Denise Maerker. En su proyección, difundida el 4 de septiembre pasado, el gobernador negó a una de las reporteras de ese programa periodístico que la presa fuera de edificación reciente. Arguyó que en el rancho, propiedad familiar desde hace 60 años, ya existía la obra mencionada. Las fotos satelitales, empero, muestran que en 2008 había un paraje que, en poco tiempo, se convertiría en un vergel; bastaron tan solo cuatro años. En el mismo reportaje de Punto de Partida, el delegado de la Sagarpa señala que cada hectárea de nogal puede generar una ganancia que oscila entre 350 y 700 mil pesos: un negocio más que redituable.

Por su parte, el delegado de la Conagua afirmó que no se conocían los permisos correspondientes para la construcción de la presa del gobernador. Estimó que el valor de su construcción es de 170 millones de pesos, mismos que fueron dinamitados para encubrir cualquier apariencia ilícita. La obra cobró más trascendencia por la catástrofe ecológica provocada por la mina perteneciente a Grupo México que, en su labor de extracción minera, contaminó dos ríos (Sonora y Bacanuchi) dejando en la postración a cerca de 22 mil personas dedicadas a las actividades agropecuarias. Es más, en el mismo reportaje televiso de la señora Maerker, un agricultor afirma que tenían prohibido hacer pozos para extraer algo de agua para sus labores y para sus necesidades elementales.

La presa de Padrés es un ejemplo de que en México, algunos miembros de la clase política (sin importar su signo partidario) abusan del poder para beneficio propio. Es muy probable que el gobernador provenga de una familia acomodada a punto que posea ranchos desde hace décadas. Pero, en la actualidad, tener un rancho de 300 hectáreas (esa es la dimensión del rancho del gobernador y su familia), nos remonta al México de otras épocas y, lo que es peor, que por el poder que ostenta haya evadido cualquier obstáculo, legal o no, para hacer de su propiedad un emporio. Para ello, usó recursos naturales cuya propiedad es de la nación (agua).

El gobierno de Padrés y el Grupo México van de la mano. Uno en el ámbito público, otro en el privado. Sin embargo, ambos comparten una cosa en común: han abusado del poder que se les confirió y han rebasado los límites de las concesiones que a Grupo México le concedió el Estado mexicano. Ambos están en falta. Pasar por alto las irregularidades cometidas  sería una infamia para esa región del pueblo sonorense que fue afectada por el derrame tóxico. Un gobernador presuntamente ávido de riqueza y un grupo empresarial cuyo único fin es la ganancia no pueden ser los baluartes del México que el gobierno federal afirma se está transformando para llevar a nuestro país a una etapa superior de desarrollo.

jreyna@colmex.mx