De paso

Una postal costumbrista mexicana

La mejor postal para entender y lamentar este México de hoy sería el desastre financiero con el que inician las nuevas gestiones gubernamentales, tanto en diversas entidades federativas, algunos municipios y varias delegaciones de la Ciudad de México. En Nuevo León, el gobernador entrante señala una deuda cercana a los 100 mil millones de pesos (mdp), cuya explicación se encuentra en "una corrupción sin llenadera". Sería deseable que se encontraran los mecanismos para hacer operativas las denuncias que reflejan el desánimo de una ciudadanía, enardecida por el abuso de sus supuestos gobernantes.

En Sonora, la situación es semejante. La gobernadora entrante encontró un estado endeudado, al borde de la bancarrota. La deuda creció 81 por ciento durante la administración panista saliente: una deuda de 12 mil mdp más casi 9 mil mdp en pagos que vencen en el corto plazo. Lo que cada habitante de Nuevo León "debe" asciende a 12 mil 180 pesos mientras que cada sonorense está "endeudado" con 6 mil 336 pesos (CNN México, 30/VI/15). Como colofón y coincidencia, la documentación contable del gobierno sonorense saliente "fue robada".

En Guadalajara, el nuevo presidente municipal prometió, al asumir el cargo, que no endeudará más al municipio. Se topó "con un ejercicio fiscal sobregirado" que le impide pagar, entre otras cosas, el servicio de recolección de basura" (MILENIO Diario, 7/X/15). En las cuentas bancarias se dispone solo de 15 millones de pesos y la deuda del ayuntamiento haciende a 2 mil 997 millones de pesos.

Dentro de las figuras que conforman la postal mexicana entran algunas delegaciones de la Ciudad de México. La nueva jefa delegacional de Tlalpan hizo público el saqueo en el que encontró la demarcación. Sin teléfonos, sin equipos de cómputo, la planta vehicular "achatarrada" y la sede de la delegación a punto del derrumbe. Lo mismo sucedió con la delegada Gálvez de Miguel Hidalgo, sede, entre otras, de una de las zonas más ricas de la ciudad: Polanco. Ahí también hay desfalcos, irregularidades y una nutrida nómina de aviadores que merman considerablemente el presupuesto delegacional e impiden, por tanto, la inversión que beneficie a la comunidad.

La misma historia podría narrarse de la delegación Cuauhtémoc, sede del Centro Histórico de la ciudad y de los tres Poderes de la Unión. Su nuevo delegado incluso ya recibió amenazas de muerte. Bajo estas circunstancias cabe preguntarse ¿cómo se gobernará la Ciudad de México ante el desastre financiero y el saqueo de la que fue objeto en muchas de sus demarcaciones?

Los casos mencionados, hay más, retratan con precisión el desparpajo de la clase política, cuyo modus operandi es el abuso de autoridad y el enriquecimiento rápido y explicable. La postal da cuenta de un país que se ha gobernado mal pero no ha impedido a su clase política servirse de un cuantioso botín cuyo destino no fue necesariamente la mejora de las necesidades de la comunidad. Por eso es explicable el enojo social. La corrupción crece y el descontento de su mano. No es un fenómeno local, sino que es generalizable a los tres niveles de gobierno. Ya se promulgó el Sistema Nacional Anticorrupción, pero está pendiente la formulación de las leyes secundarias para hacerlo operativo. Tienen que expedirse para frenar, en algo, el desastre en que se encuentra el país, como consecuencia de la corrupción rampante. Demorar el diseño de esas leyes agravará y frenará las pocas expectativas para mejorar la calidad de vida del país. Nuestra fotografía mexicana indigna y tiene que llegar a su fin.

jreyna@colmex.mx