De paso

La pobreza: ¿nuestro eterno mal?

Combatir este problema de manera integral y diseñar una política redistributiva del ingreso serán claves para superar la precaria condición del país.

Las políticas públicas diseñadas para combatir la pobreza no han funcionado. El Coneval sostiene “que a pesar de que se han invertido miles de millones dólares, el país sigue igual de pobre que hace 20 años” (Documento, 25/IV/15). Una conclusión se extrae de uno de sus informes: “La ineficacia de los programas antipobreza como Oportunidades, vigente hasta 2012, y Prospera, su sucesor”. Se añade, en el mismo documento, que en los primeros 21 meses de la administración presidencial actual se sumaron otros 2 millones al mundo de la pobreza. En el Estado de México, entre 2012 y 2014 más de 600 mil personas comen peor que antes (CNN Expansión, 24/VII/15).

Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos (del Inegi), entre 1992 y 2012 el poder adquisitivo promedio de los mexicanos disminuyó y, en el mejor de los casos, se estancó. El ingreso de los hogares mexicanos se redujo 3.5 por ciento entre 2012 y 2014: de 13 mil 722 pesos mensuales a 13 mil 240, esto es 483 pesos menos al mes (El Financiero, 17/VII/15). Según esta fuente, la caída afectó más a las familias de clase media. Algunas de ellas engrosaron la zona de la pobreza, que en 2014 equivalía a 55.3 millones de personas.

El débil crecimiento económico del país es un elemento explicativo, entre otros, del problema. Otro factor es la reforma fiscal, instrumentada por la administración de Peña, que afectó el poder adquisitivo de la población. No puede pasarse por alto el enorme problema de la desigualdad y la concentración del ingreso. En promedio, los hogares con ingresos más altos (deciles IX y X) obtienen 46.9 mil pesos mensuales en tanto que los más bajos reciben 2.5 mil pesos (V. Paz, El Financiero, 22/VII/15): una diferencia de casi 20 veces. Al considerar a los 35 países de la OCDE, México es la nación cuyo nivel de desigualdad supera a todos los demás.

Sin duda, la desigualdad es un freno para abatir la pobreza. En teoría, enfrentar la desigualdad es un reto complejo: si la reforma fiscal instrumentada recientemente causó escozor entre los “sectores altos” de ingresos, afectar las grandes fortunas que detentan la mayor parte del ingreso nacional (Gerardo Esquivel estimó que uno por ciento de la población detenta 21 por ciento de la riqueza nacional) equivaldría casi a una declaración de guerra. Resulta, en consecuencia, más fácil abatir la pobreza que enfrentar a los “dueños del país” cuyas fortunas (de solo 4) equivale, en la actualidad, más o menos a 10 por ciento del PIB.

La situación del país es compleja; poco crecimiento, empleos mal remunerados, jóvenes con educación media-superior y superior con escasas posibilidades de conseguir un trabajo y podrían enumerarse otras cosas más. Los gobiernos mexicanos, como regla tienden a gastar mucho sin importarle la productividad de la inversión. ¿Cuántas obras millonarias se inauguran y no se usan? Otro punto es el dispendio en comunicación social y publicidad oficial. En lo que va de este sexenio se han gastado 13.2 mil millones de pesos. 18 millones por día (Reforma, 12/VII/15). El derroche, la corrupción, las inversiones públicas fallidas son obstáculos que impiden repuntar al país y resolver sus problemas; la pobreza entre otros. La racionalidad del gasto es un factor ausente en la política pública nacional. Combatir la pobreza de manera integral y diseñar una política redistributiva del ingreso serán claves para superar la precaria condición del país: enormes desafíos que, de no instrumentarse, condenan al país a ser pobre.

jreyna@colmex.mx