De paso

Pudor islandés

La semana pasada se conoció la mayor filtración informativa ocurrida en la historia del planeta: más de 11 millones de documentos fueron divulgados en todo el mundo que contienen la información del patrimonio, bien o mal habido, de diversos personajes del orbe en uno de los tantos paraísos fiscales. En éstos se almacenan grandes fortunas, no ilegales necesariamente, que permiten, en algunos casos, la evasión fiscal. Una intromisión cibernética descubrió un sitio donde personajes de todo tipo resguardan u ocultan sus enormes haberes. Los llamados Documentos de Panamá abren una caja de Pandora que, por ahora, hace impensable hasta dónde llegarán sus consecuencias.

Detrás de cada personaje se encuentran cantidades exorbitantes de dinero: decenas, centenas y hasta miles de millones de dólares. No todos son delincuentes. Pero hay duda sobre algunos. El primer damnificado político de esta revelación financiera fue el primer ministro de Islandia. Se trata de una isla, perteneciente al continente europeo, situada cerca de Noruega. Su población es pequeña: alrededor de 330 mil habitantes. Representa, para tener una idea, la quinta parte de los pobladores que viven en el estado de Morelos. Su ingreso per cápita es alto: alrededor de 38 mil dólares anuales por habitante.

El sistema político de Islandia es parlamentario con un presidente que funge como jefe de Estado. El primer ministro de ese país, el señor David Gunnlaugsson, apreció como uno de esos personajes que no transparentaron sus riquezas y decidió resguardarlos en el paraíso fiscal panameño. Al mismo tiempo que fueron dados a conocer algunos nombres de diversas latitudes del mundo, el primer ministro islandés fue nombrado en los medios de comunicación y, acto seguido, abandonó el alto cargo que desempeñaba. La primera víctima de los Documentos de Panamá pero, a la vez, el primero que asume su responsabilidad junto con un enorme rechazo ciudadano: los islandeses protestaron con indignación. En pocas palabras, la conducta de ese político no fue congruente con la transparencia de ese sistema democrático.

Es probable que el ex primer ministro haya incurrido en algún ilícito. Pero es plausible su actitud que, pocas horas después de haberse difundido su situación financiera, haya decidido retirarse del cargo para dejar libre el camino a las investigaciones que su gobierno juzgue pertinentes. Un asunto de pudor que debe valorarse. Por su presunta responsabilidad, dedujo que su mandato había caído en el descrédito. El primer ministro Gunnlaugsson enfrentará el problema, sin ningún fuero de por medio. La transparencia primero que la opacidad.

En los documentos panameños, varios mexicanos fueron expuestos. Es probable que algunos de ellos hayan actuado dentro de las leyes fiscales vigentes en el país. Llaman la atención, sin embargo, algunos empresarios relacionados con el poder político mexicano: el dueño de Higa, financiero de la llamada casa blanca mexicana, o los socios de Oceanografía relacionados estrechamente con Pemex. Sería deseable que todos estos personajes siguieran el ejemplo de transparencia islandés. Sin embargo, los mexicanos acaudalados se encuentran muy lejos para asumir una responsabilidad como la aquí descrita. Qué mejor ejemplo que las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción siguen aún pendientes. Ojalá el escándalo panameño sirva como un ejemplo para frenar la brutal impunidad y corrupción nacionales.

jreyna@colmex.mx