De paso

La modesta aprobación presidencial

Hoy en día, el país está envuelto de nuevo en el aroma priista de antaño. La sana distancia se borró para recuperar la "productiva" cercanía entre el Presidente y su partido.

El PRI es gobierno una vez más. De 1929 a 2000 (en sus diferentes versiones, PNR y PRM) 14 presidentes salieron de sus filas. Enrique Peña Nieto es el quinceavo mandatario que emana de ese instituto político. El PRI estuvo en “receso” (obligado) dos sexenios (2000-2012). Tuvo que aceptar la derrota electoral. Ésta lo diferencia de aquel partido anterior al 2000. Ahora tiene que competir en el campo político-electoral. Antes se imponía mediante una serie de mecanismos que tuvo a bien patentar y son parte de la cultura (y el museo) de la política nacional (el tapado, las urnas embarazadas, el que se mueve no sale en la foto, etcétera). En la época esplendorosa del PRI, medir la aceptación de un presidente habría equivalido a un agravio.

Ernesto Zedillo (1994-2000) es el único presidente, de los 15, que ha “pintado su raya” al definir esa figura de la sana distancia entre la Presidencia de la República y el partido. No podría avanzarse, en la transición a la democracia, en la medida que la simbiosis entre el Ejecutivo y la organización partidaria persistiera. Tan fue así que en el 2000 se reconoció, sin regateos, la alternancia política.

Hoy en día, el país está envuelto de nuevo en el aroma priista de antaño. La sana distancia se borró para recuperar la productiva cercanía entre el presidente y su partido; retroceso. Regresaron a la escena política aquellas reuniones masivas que vitorean al presidente: el acarreo. El presidente es el protagonista principal del escenario político y los demás, como antes, aprueban sin titubear lo que diga el jefe de las instituciones.

Tómese como ejemplo la conmemoración de la expropiación petrolera (¿?) el pasado 18 de marzo en una ciudad veracruzana. Peña Nieto reiteró que el petróleo es nuestro y el líder sindical de los trabajadores de esa industria, pese a que no fue tratado como antes, sino que hubo un cierto desdén mostrado desde la cima del poder, le declaró el apoyo total al Presidente. Se permite el autoalabo para nublar la transparencia: una de las frases del líder petrolero evoca los viejos tiempos: “nuestras prestaciones (son) pocas frente a las ganancias generadas”: o sea el sacrificio del sindicato por la nación, la subordinación como chantaje. La podrida cúpula sindical sigue intacta. La complicidad como premisa.

El PRI cambió algo, pero la ciudadanía ha ido más allá. El desarrollo político de ésta rebasa las viejas formas partidarias que rehúsan firmar la carta de renuncia correspondiente. Se describe este contexto para tratar de entender por qué, de acuerdo con la última encuesta de Consulta Mitofsky, la aprobación de los encuestados en febrero pasado le dio a Peña Nieto una aprobación de 48 por ciento y una desaprobación de 51 por ciento. (Cabe decir que la misma empresa consultora hizo un levantamiento después de la captura de El Chapo Guzmán y la aprobación subió tres puntos porcentuales: 51 por ciento. R. Campos, (ElEconomista, 12/III/14): un efecto coyuntural). Si bien la aprobación presidencial depende de muchos factores, es plausible sostener el argumento que Peña Nieto podría tener niveles más elevados de aceptación ciudadana en la medida que se sacuda de las arcaicas prácticas de su partido. Uno de los obstáculos para catapultar el desarrollo del país han sido las estructuras sindicales. Se detuvo a la maestra Gordillo y eso fue una especie de gran logro, pero aislado. Sin embargo, se tolera, más que aceptar, a un líder petrolero. Si se quiere  hacer de Pemex una empresa realmente más competitiva (Lozoya dixit) tendrá que irse desprendiendo de esa rémora que es su cúpula sindical.

La modesta aprobación presidencial obtenida el último trimestre tiene algunas explicaciones: la inseguridad (secuestro, extorsión) se ha disparado significativamente en los últimos meses: el Estado de México, Morelos y Guerrero, entre otros, obsequian la evidencia al respecto. La corrupción mantiene un nivel preocupante (cuestión de revisar los escándalos y aprehensiones recientes de ex secretarios de finanzas de varios estados), pues no ha sido combatida y sus efectos negativos se escurren por todos lados. La economía sigue relativamente pasmada y hay preocupación por la debilidad del mercado interno. La economía informal crece y el número de pobres no baja pese a los esfuerzos para combatirlas. Pese a que se han aprobado reformas importantes, éstas no se reflejan (todavía) en un repunte del bienestar colectivo. La modesta aprobación otorgada por la ciudadanía al jefe del Ejecutivo tiene que ser el acicate para hacer mejor las cosas. Ojalá haya un repunte.

jreyna@colmex.mx