De paso

La necesidad de una utopía

Utopía es un lugar que no existe; es la idea de una civilización ideal y, por tanto, irreal. Plantear una utopía, sin embargo, puede desembocar en empeños tales como orientar el rumbo de una sociedad, valorar lo que se tiene, criticar la acción de los protagonistas de esa sociedad  y, sobre todo,  cultivar una esperanza para superar una situación dada en aras de lograr otra mejor.

José Luis Martínez (MILENIO Diario, 8/I/17)* ilumina  el tema, teniendo como referencia la situación actual de nuestro país: “Violencia, rumores, embustes, torpeza, corrupción, impunidad, crisis económica, miedo al próximo mandatario estadunidense, todo contribuye al desánimo, al pesimismo de las viejas y nuevas generaciones en México. El futuro se torna oscuro; es tiempo de soñar”.

Las utopías nacen de la desilusión y el descontento. La sociedad mexicana está harta de vivir en una sociedad que tiene un sinfín de defectos y de fallas, sobre todo de quienes nos gobiernan. La adversidad nos está vapuleando. Por eso la rebelión ha florecido con esplendor en los últimos tiempos, en las últimas semanas. No hay confín de la República donde no se exprese la irritación, el encono y el desencanto. A México lo están cohesionado estos ingredientes, lo que no es deseable pues el futuro se tornaría aún más oscuro. Por eso, escribe  JL Martínez, “los soñadores son importantes para reconstruir nuestra sociedad”.

Una sociedad menos desigual, una clase política menos corrupta, un sistema de impartición de justicia que tome en cuenta a la ley, demoler el muro de granito entre gobernantes y gobernados son algunos sueños que podrían idealizarse y, aunque no lograrían la perfección de nuestra sociedad, tal vez la harían menos hostil, más habitable. Es urgente sembrar una esperanza para empezar a escalar el precipicio a donde hemos caído.

La utopía puede ser un detonador para que una ciudadanía consciente y participante empiece a corregir el rumbo, perdido desde hace varias décadas, pero aumentado hoy en día por la administración presidencial actual. Aceptar el actual orden de cosas equivaldría a un conformismo cuyo único destino sería una derrota desastrosa.

Gerardo Villadelángel, en una entrevista reciente*, afirma que “el caos y el desencanto que se han apoderado de la cotidianeidad mexicana obligan más que nunca a repensar la necesidad de las utopías, esas construcciones imaginarias nacidas al impulso de vivir en un mundo mejor”.

El país se encuentra sumergido en una crisis profunda. Contribuyen a ella factores externos e internos.  Ante ella, sería reprobable hacer nada. Quedarse de brazos cruzados, observando una realidad que nos devora. Por el bien del país, no hay duda de que estamos ante la necesidad de construir un sueño, ser soñadores, arquitectos de utopías.

*Es más que recomendable leer el suplemento Laberinto de MILENIO Diario (8/I/17). El FCE, el CIDE y la Jaula Abierta han inaugurado Topías, una serie de publicaciones, coordinadas por Roger Bartra y Villadelángel, que rescatan las obras emblemáticas sobre las utopías. Se ha publicado ya Utopía, el libro insignia del inglés Tomás Moro (1478-1535).  

jreyna@colmex.mx