De paso

No hay líder sindical pobre

En el contexto sindical, el poder político y el dinero van de la mano. En México, el control del movimiento obrero fue un objetivo al que el Estado invirtió muchos recursos para crecer económicamente; y tuvo éxito.

Una huella del México autoritario es el pernicioso liderazgo sindical; sigue enraizado en la estructura política nacional. México está lejos de tener una democracia sindical y, más lejos aún, de transparentar el uso y destino de los recursos y las cuotas sindicales. México tiene una larga historia de trapacerías cometidas por las dirigencias sindicales. Desde la época de Luis Morones (1890-1964). Puede afirmarse que un dirigente sindical es un personaje de inmenso poder y vasta  fortuna. Morones pasó de modesto obrero tipógrafo a secretario de Industria, Comercio y Trabajo durante la presidencia de Plutarco Elías Calles (1924-1928). Su nombramiento tuvo como mérito haber erigido la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) que, en los años 20, llegó a aglutinar a más de un millón de trabajadores. La CROM demostró algo inédito para la época: la movilización de las masas en favor del régimen; enorme lección política.

Qué decir de Fidel Velázquez, uno de los artífices en la construcción de la CTM (1936), parte fundamental del PRI, y que mantuvo el cargo de secretario general desde 1941, después de que Lombardo Toledano fue su secretario general, hasta su muerte en 1997, con la excepción de un período: 1947-1950. En el contexto sindical, el poder político y el dinero van de la mano. En México, el control del movimiento obrero fue un objetivo al que el Estado invirtió muchos recursos para crecer económicamente; y tuvo éxito. Sin duda, el llamado charrismo sindical es un factor que contribuyó a que el México, desde fines de los años 40, tuviera un éxito económico significativo: los obreros estuvieron sometidos por las dirigencias sindicales con el beneplácito del Estado.

Los liderazgos sindicales suelen ser longevos. Fidel Velázquez es el mejor ejemplo, aunque no el único. Se vuelven necesarios porque practican con eficiencia el control y la sumisión de los trabajadores. A cambio, reciben privilegios inimaginables, aunque sus representados se encuentren en una  situación calamitosa. La alternancia democrática poco contribuyó a cambiar este panorama. Se mantuvieron dentro de la estructura de poder la maestra Gordillo (aunque detenida) y Romero Deschamps: dos ejemplos del México viejo que no quiere irse.

La ostentación del poder sindical se volvió discrecional. Sirva de ejemplo el dirigente sindical de los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Posee un automóvil valuado en 2 millones de pesos y, al salir de sus oficinas, es esperado por decenas de personas, especialmente mujeres, para pedirle alguna ayuda o algún trabajo. Víctor Fuentes del Villar, nombre del dirigente, se placea como un cacique en torno de sus agremiados. Es un hombre del pasado que deambula como si el tiempo quedara estancado; no le importa. Octogenario, pero bien conservado, tiene el control de más de 74 mil trabajadores y un presupuesto anual de 63 mil millones de pesos (mmdp) (El Universal, 22/IX/14, reportaje de Z. Gallegos y S. Meza). Dicha cantidad es mayor que el presupuesto de la UNAM para este año: 35.5 mmdp. Todos y todas lo buscan. Pueden ser capaces de todo con tal de recibir un favor de persona tan encumbrada que medra con los recursos de los contribuyentes y los trabajadores del gremio y hace gala de pertenencias que, en estricto sentido, no le corresponden. Pero ahí está, a la luz pública, sin recato y sin decoro. Un vívido ejemplo del México que (casi) todos queremos olvidar. Su puesto se lo debe a su tío, otro sindicalista impresentable: Rodríguez Alcaine, quien dirigió ese gremio por décadas y amasó una fortuna descomunal.

No es el único ejemplo de esta fauna. Está el caso también de Víctor Flores, líder ferrocarrilero, acusado de robar a los trabajadores de esa empresa. Tiene denuncias en su contra en la PGR, pero en este país la disociación entre acusación y aplicación de la ley se encuentran divorciadas (milenio.com, 11/III/14). O el caso del sindicato del Infonavit, con poco menos de 3 mil trabajadores, pero cuyo líder lleva 37 años en el cargo con un salario de un secretario de Estado. (El Universal, 30/IX/14). Qué decir de la “joya de la corona”: Romero Deschamps, que siendo senador y dirigente petrolero hace gala, con desparpajo, de una fortuna que no le corresponde. La lista es larga. Sirva de ejemplo lo anterior para decir que muchos vestigios del viejo México siguen presentes e impiden que este país sea más trasparente y, sobre todo, que se enfile al verdadero camino del cambio y la transformación. Ojalá se tomen medidas al respecto.

jreyna@colmex.mx