De paso

Los independientes llegaron para quedarse

En el nuevo juego político se tiene a un nuevo competidor que pondrá en jaque la forma de hacer política. Las interrogantes son muchas al respecto, pero esa realidad es innegable.

Poco antes del 7 de junio, la contienda electoral lucía insípida. Mucho se debatió sobre la conveniencia de anular el voto o abstenerse: un síntoma de la repugnancia que provoca nuestro sistema partidista. El domingo de la elección, sin embargo, las expectativas experimentaron un cambio. La jornada electoral transcurrió en un marco de tranquilidad, negando muchos pronósticos en contra. La participación ciudadana alcanzo 47 por ciento (poco más de 37 millones de votantes), arriba del promedio de las elecciones intermedias (41-43 por ciento) anteriores. La sociedad, pese a los resquemores, salió a la calle y votó: se hizo presente en un acto fundamental de la vida democrática.

De acuerdo con los análisis hechos hasta ahora, puede deducirse que hubo una participación ciudadana en la que se impuso la razón sobre cualquier otra cosa. Hubo un castigo al sistema de partidos que, como se ha dicho tantas veces, se encuentra envuelto en el manto del desprestigio. La demostración correspondiente es el éxito de los candidatos independientes y la pérdida de adeptos de los partidos mayores, así como el depósito de la esperanza en aquellos menores (MC, en particular). Que la política regional es en extremo importante. La ciudadanía participativa espetó, mediante el sufragio, que el sistema de partidos está desgastado: más temprano que tarde tendrá que ser remodelado.

Los candidatos independientes son los nuevos protagonistas del sistema político. Su éxito se basa en que tienen un acercamiento real con la ciudadanía. No es el caso de los candidatos de los partidos “tradicionales” que se acercan a ella, le piden el voto y, al día siguiente de la elección, se enconchan en su curul o en su alcaldía, divorciándose de ella. En el nuevo juego político se tiene a un nuevo competidor que pondrá en jaque la forma de hacer política. Las interrogantes son muchas al respecto, pero esa realidad es innegable: los independientes llegaron para quedarse.

En Nuevo León el ganador independiente de la gubernatura obtuvo uno de cada dos de los sufragios emitido. Un antiguo priista se divorció del sistema para reencontrarse  con la ciudadanía. Ese es el factor explicativo de triunfo tan avasallador. Si se toma en cuenta que para esta elección se postularon 121 candidatos independientes y solo ganaron seis, la conclusión apresurada insinuaría que fue un fracaso. Pero no es así. El gobernador electo de Nuevo León, el presidente municipal de Morelia, el diputado (ex panista) electo Clouthier y el joven Kumamoto, quien ganó una diputación en Jalisco apuntan a la conclusión de que la nueva actividad política inaugurada por ellos podría convertirse en la nueva forma de construir candidaturas y hacer de la representación popular un ejercicio real y riguroso. Y las redes sociales como el mecanismo de relación envolvente entre candidatos y votantes.

La elección pasada demuestra que un sistema acartonado como el que se tiene puede desmoronarse y que, dentro de las caducas estructuras partidarias, habrá nuevos planteamientos, el diseño de alternativas diferentes que podrán llevar a la clase política al reencuentro con la ciudadanía y provocar que ésta se identifique con aquella. Si sucediera, se encontraría el camino conducente a una transición política real a la democracia representativa. La corrupción pudrió al sistema político. La tarea ciudadana es extirpar ese cáncer. Una elección sorprendente que muestra la existencia de alternativas novedosas para el futuro de este país.

jreyna@colmex.mx