De paso

Y el grupo México, ¿qué?

Es tan grande el alud de actos corruptos, opacos o delincuenciales, que unos sepultan a los otros: Tlatlaya, Ayotzinapa, la casa blanca, la residencia campestre en Malinalco, el delegado de Iztapalapa, entre otros, hicieron olvidar los perjuicios que el Grupo México (GM) tiene en su haber. Esta empresa minera es la más grande de México y la tercera productora de cobre en el mundo. Es un negocio, concesionado por el Estado mexicano durante el gobierno de Salinas a un grupo de accionistas encabezados por Germán Larrea, cuya fortuna ronda los 14 mil millones de dólares. La producción anual de este mineral, en la mina Buenavista del Cobre, en Cananea, se estima en más de 182 mil toneladas (La Jornada, 22/VIII/14). Si un kilo de cobre se cotiza en seis dólares, un simple cálculo arroja una cantidad de muchos ceros que van a parar a las arcas del GM.

El 6 de agosto pasado, ocurrió uno de los peores desastres ecológicos de los que se tenga memoria. De la mina antes nombrada, se filtraron 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre, lo que ocasionó la contaminación de los ríos Sonora y Bacanuchi. Se alteró la vida de la región, un lugar próspero gracias a las actividades agropecuarias de sus pobladores. Fueron siete los municipios dañados por ese derrame tóxico. Sus actividades, dependientes del agua de esos ríos, se vieron paralizadas ante la toxicidad de sus aguas. Las escuelas cerraron por varias semanas y escaseó el agua potable, incluso para las necesidades básicas de la población.

Cuatro meses después del desastre mencionado, los agricultores y ganaderos, los productores y las familias perjudicadas no han recibido los recursos del fideicomiso que se creó para indemnizarlos, denunció la diputada federal Lorenia Valles Sampedro. De acuerdo con la denuncia de la legisladora sonorense, los afectados siguen padeciendo complicaciones en la piel, al hacer uso del agua de esos ríos (Reforma, 14/XII/14). La emergencia persiste y la legisladora consideró que la Comisión especial no está haciendo un seguimiento puntual del caso.

Lo que afirma Valles Sampedro contrasta con el argumento esgrimido por el secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Guerra Abud, su titular, asegura que la emergencia causada por el derrame tóxico “ya pasó”. (El Universal, 11/XI/14), lo que equivale a darle “carpetazo” a un problema del que desde un principio se dijo que pasaría mucho tiempo para normalizar la situación de esa región sonorense. En estos tiempos, donde la credibilidad de la autoridad se encuentra tan disminuida, llama la atención que se afirme “ya pasó”, pues sería un caso más que abonaría a incrementar la falta de credibilidad y de ética de la clase política.

Un spot cinematográfico se exhibió en algunas salas de cine (Cinemex, cuyo dueño es Larrea) hace unas semanas. Así lo relata Carolina Hernández en Reporte Índigo(5/XI/14): “Las luces se apagan y en la pantalla del cine aparece la imagen del río Sonora con su caudal anaranjado. En dos segundos, la escena cambia a un impecable río con música instrumental de fondo. Una voz en off asegura (…) que el manto acuífero está ahora limpio. Que trabajaron duro para conseguirlo”. Se pasa por alto que el GM ocultó por varios días el derrame de los tóxicos y que la empresa deliberadamente ocultó la falla. Sería deseable que el GM no sea un caso más en que la autoridad voltee a ver hacia otro lado contribuyendo al irrespirable ambiente de impunidad y corrupción que azota al país.

No puede olvidarse el desastre minero de Pasta de Conchos (Coahuila) asociado también al GM. El 19 de febrero de 2006, 65 mineros quedaron atrapados en la entraña de la mina de carbón debido a una explosión. Cinco días después de la tragedia (24 de febrero), el GM anunció que sus esfuerzos de búsqueda serían suspendidos por unos días. Al final de cuentas, con excepción de dos cuerpos recuperados, los mineros sepultados siguen en el interior de la mina. En Chile, por contraste, ante una situación similar (2010) no se descansó hasta encontrar a los mineros, sepultados a una profundidad mayor que los de México: todos con vida.

México requiere una reconstrucción de su estructura política tan corroída por la corrupción. Los casos de Oceanografía, Higa, GM tendrían que ser  emblemáticos para demostrar que el combate a la impunidad tiene que ir a fondo. Que no pueden ignorar la ley. Por ello, es necesario preguntarse y ¿qué con el GM? La autoridad debe una explicación al respecto. No puede quedar en el olvido, como están los productores sonorenses y los mineros coahuilenses.

 

jreyna@colmex.mx