De paso

Muchos "focos rojos"

Son muchos los "focos rojos" encendidos. No darles una respuesta eficaz y contundente llevaría a pensar que México está cerca de la desestabilización.

Los conflictos que han emergido en las últimas semanas pondrán a prueba la capacidad de respuesta  institucional del gobierno federal; un reto enorme: Guerrero sumido en la ingobernabilidad, el Estado de México envuelto en la violencia (Tlatlaya), un movimiento estudiantil (IPN) que se politiza día a día, un crecimiento económico mediocre, los precios del petróleo en caída libre y un peso que se devalúa. No se obvian las problemáticas que se mantienen en otras regiones del país, ahora rebasadas significativamente por los acontecimientos igualteco-guerrenses. Lo peor, sin embargo, es haber conocido en todo su esplendor el oprobioso maridaje entre la delincuencia y la autoridad constituida. Ese maridaje tiene un alcance nacional, como consecuencia de la omisión, desde hace mucho, del propio Estado mexicano.

Nadie habría supuesto que el país se descompusiera  en unas cuantas semanas. Se descarta la teoría de la conspiración. Se acepta mejor el supuesto de que no todo iba en la dirección del discurso político triunfalista esgrimido y, de repente, se conjugaron factores distintos y conflictos diferentes para poner al país al borde de una crisis cuya magnitud es impredecible.

La coyuntura en la que el país está encajado ha detonado movilizaciones que no se circunscriben a la Ciudad de México: se han esparcido por muchas regiones del país; es más, se ha internacionalizado. En la capital de la República, sin embargo, preocupa el movimiento estudiantil del IPN cuyas demandas han sido atendidas por el gobierno federal de manera positiva, pero se mantiene en pie de lucha por razones que solo sus integrantes conocen. Es deseable que la hipótesis de la ex directora del IPN sea incorrecta: “hay intereses externos a esa institución dentro del movimiento”. La movilización de la comunidad politécnica ha encontrado eco en la UNAM y en la UAM. La combinación de movimientos estudiantiles junto al vacío de autoridad que abruma a la nación por las desapariciones de 43 estudiantes en Iguala son ingredientes para no descartar que existan las condiciones para la emergencia de un conflicto mayúsculo.

El Estado está en la peor crisis del sexenio. Son muchos los problemas por resolver y, para insistir, el Estado tal como se encuentra estructurado en este momento, luce desvalido. No responde con agilidad a los
problemas que irrumpieron en Guerrero y, después de más de tres semanas, las soluciones a los mismos se ven lejanas; sería trágico no hallar a los responsables.

Si a la turbulencia política en que el país está envuelto se le añade la volatilidad económica actual, el panorama luce poco alentador en el corto plazo. En estos días, el Congreso tendrá que aprobar el proyecto de presupuesto que se ejercerá el año entrante. Sin embargo, las variables económicas no contribuyen de manera significativa para poder diseñar un presupuesto que puede garantizar el sano ejercicio del gasto público para impulsar el crecimiento económico, excepto por la vía de la deuda. Pese a que en 2015 los pronósticos sugieren que México crecerá alrededor de 3.5 por ciento, ésta es una cifra mediocre pues está por debajo del monto requerido para generar los empleos formales requeridos e impulsar decididamente el crecimiento.

Si se crece alrededor un punto porcentual más que este año, se está partiendo del supuesto que el país retomará el cauce de la conciliación y que la grave problemática política que nos envuelve encontrará una solución favorable: devolver la tranquilidad al ciudadano común y corriente e incentivar la confianza a los inversionistas, nacionales y foráneos, que ya hacían planes para sembrar sus capitales en México, después de que fueron aprobadas las reformas que el país necesitaba. Sin embargo, todo está por verse. México, en la incertidumbre.

Los factores económicos y políticos se entrelazan y lanzan una llamada de advertencia de que el corto plazo del país tiene muchos obstáculos. Es necesario, como se apuntaba en este espacio la semana pasada, no permitir que el vacío de autoridad existente siga ensanchándose. No es una cuestión voluntarista afirmar que se aplicará todo el peso de la ley y que los fundamentos de la economía están sólidos para enfrentar cualquier turbulencia que amenace al país. México, sin exagerar, está al borde del caos. Un Estado amenazado es el peor indicador para la viabilidad del país. Son muchos los focos rojos encendidos. No darles una respuesta eficaz y contundente llevaría a pensar que México está cerca de la desestabilización.

jreyna@colmex.mx