De paso

Liderazgo deficitario

México tiene los recursos para crecer, pero carece del mapa para encontrar el camino correspondiente. Existe, para empezar, un déficit de liderazgo. El mal humor, al que hace unas semanas hizo referencia el jefe del Ejecutivo, se explica porque las decisiones que se toman no resuelven, sino agravan los problemas: la violencia, la inseguridad y la corrupción. En pocas semanas tendrá lugar una jornada electoral en 12 entidades federativas. De sus resultados podrá inferirse el rumbo que muchos ya piensan desde ahora: el 2018. Sin embargo, de las campañas en marcha se infiere que tenemos una democracia disfuncional. De Tamaulipas se tienen diversos indicios de que el crimen organizado está vinculado con el ámbito electoral. De Veracruz se desprende la observación de que lo importante es no perder el poder, aunque ello implique el atropello de los principios básicos de la democracia.

La violencia no cede. Es probable que se exagere cuando se afirma que este país está en estado de guerra: el número de muertos lo atestiguan. No hacen falta las estadísticas. Lo que falta es medir las consecuencias de una década que se inició a fines de 2006 y que, aparentemente, no tiene frontera en el tiempo. No hay día que no haya un ejecutado en cualquier latitud del territorio. Es innegable el despliegue de las fuerzas armadas para enfrentar el letal fenómeno de la violencia. Pero es innegable también que, a pesar de ese despliegue, la violencia florece, no amaina. No se ha encontrado la estrategia para revertir ese fúnebre fenómeno que lastima todas las articulaciones del sistema. Súmese la tragedia de los desaparecidos, que es una barrera para la viabilidad nacional.

En México se demanda que es necesario el renacimiento de la credibilidad de la clase política. Pero se toma a la ligera. En cambio si lo dice un medio internacional, la clase política puede hacer una lectura distinta. No está por demás retomar lo que hace unos días señaló el diario británico Financial Times: que las reformas estructurales de esta administración presidencial no se han consolidado. Pero mucho peor es la observación que si "Peña Nieto no empieza a reconstruir su credibilidad, los problemas seguirán dominando la agenda" política de este país.

El Presidente de la nación tuvo un acierto la semana pasada. Envió una iniciativa al Congreso para hacer legal los matrimonios, sin importar el género de los cónyuges. De inmediato le valió el reconocimiento nacional, excepto el de la Iglesia católica que solo tiene ojos para el pasado, y de la Organización de las Naciones Unidas. Un paso para desterrar la discriminación, que es otro azote en el país.

Esa es la actitud que la sociedad mexicana esperaría del jefe del Ejecutivo. En sus manos está, en buena medida, que no se profundice eso que se empieza a llamar, con insistencia creciente, la desilusión democrática. Se necesita enfrentar, con gran contundencia, no solo la violencia que ahí sigue, tan campante. Se requiere devolver la seguridad a la ciudadanía. No es fortuito que 85 por ciento de los entrevistados en una encuesta reciente no se sienta seguro en el país. ¿Dónde está el Estado que tiene que proporcionar los ingredientes para no tener esa sensación? ¿Qué decir de la corrupción que nos invade? Nuestra democracia es deficiente. Puede tener remedio. Depende de un liderazgo sólido y creíble que, por ahora, es deficitario.

jreyna@colmex.mx