De paso

El empobrecimiento de la política

Las elecciones de junio próximo serán magras: el PRI mantendrá la preferencia electoral por el voto duro y la mayoría en el Congreso por su alianza con el PVEM. El PAN resurgirá de sus fracasos y el PRD será una fuerza menor.

El consejero presidente del INE señaló que “el contexto de los (próximos) comicios es inédito”. Es más, existe el riesgo que se “descarrilen”. El propio INE ha perdido credibilidad la víspera “de las elecciones más complejas de la historia”. El clima de la “desconfianza e incredulidad” ha irrigado todas las arterias del sistema político. Hay un reclamo social generalizado que exige transparencia a la clase gobernante. Los desprestigiados partidos políticos, a su vez, postulan a personajes que invitan más a la abstención que a la participación. Hay un empobrecimiento de la clase política que hará de la elección intermedia próxima un evento de consecuencias impredecibles, lo que no podría implicar la cancelación de alguna: Guerrero, por ejemplo; sería algo, en efecto, inédito.

El sistema político mexicano alimenta la sobrevivencia de las lacras del pasado y, en contraste, no contribuye a que nazcan aquellos instrumentos que contribuyan a hacer de la política una vocación (Weber), no un negocio como tantos casos, de ayer y de hoy, lo demuestran. Las dirigencias de los partidos políticos postulan candidatos de dudosa reputación cuyos lazos de parentesco, amistad o compadrazgo son los criterios que importan; el mérito quedó atrás: es inexistente. El empobrecimiento de la política.

Dada la poca legitimidad que circunda a la clase política, se estima que habrá una participación electoral escasa: menos de la mitad del padrón electoral (83 millones) acudirá a las urnas. En poco tiempo, el desgaste de la clase política se aceleró. La negligencia y la corrupción lo explican. Hay irritación ciudadana. Ésta se reflejará en las elecciones de junio próximo.

Es sabido que a mayor abstención, la ganancia se dirige al llamado “voto duro”: ese que sigue a un partido sin cuestionamientos. Por su trayectoria, el PRI saldría beneficiado. La abstención ciudadana puede ser el aliado más importante de ese partido, aunque por escaso margen, para ganar la mayoría en el Congreso y algunas gubernaturas. Es preocupante que pocos ciudadanos (26 por ciento) tienen conocimiento de que las elecciones intermedias tendrán lugar en junio entrante (Mitofsky). Se infiere que hay poco interés por los comicios, lo que abona a la probabilidad de una participación escasa. Sin embargo, quienes opinan  del desempeño de los partidos políticos, señalan que el PRI es el instituto político más rechazado (44 por ciento). En contraste, el PAN es el partido que obtiene una opinión más positiva en comparación con los otros 10 partidos que contendrán el próximo junio, aunque en general todos los partidos tengan una percepción muy negativa.

La explicación que puede ofrecerse es que el PAN no ha mejorado su plataforma política, sino que el PRI se ha desplomado en sus preferencias electorales, pese al voto duro, en ocasión de la corrupción y opacidad que lo circunda como partido de gobierno. Solo uno de cada cinco encuestados opina favorablemente por el vetusto partido. Con base en este recuento breve, puede concluirse que las elecciones de junio próximo serán de participación magra, que el PRI mantendrá la preferencia electoral por el voto duro y mantendrá la mayoría en el Congreso por su alianza con el PVEM. El PAN, pese a todo, resurgirá de sus fracasos y el PRD será una fuerza menor en los años por venir. Todo esto en el marco de una clase política empobrecida, que dejó a un lado el compromiso político con los gobernados.

jreyna@colmex.mx