De paso

El embrollo educativo

Provocaron revuelo las cifras del Instituto Mexicano para la Competitividad. En su informe dio a conocer un panorama de irregularidades que acompañan al sistema educativo. La autoridad en el ramo arremetió de inmediato contra el Imco. La labor de esa autoridad sería comprobar los datos.

En el artículo publicado la semana pasada (19/V/14) argumenté que “la educación en México está reprobada”. De las varias críticas recibidas, un lector escribió (dejo la redacción tal cual) lo siguiente: “El título de su columna no es nuevo ni se descubre el hilo negro, es verdad la educación en nuestro país está reprobada” (fabioalejo2505@hotmail.com). El remitente, sin embargo, me endilga algo que no es del todo verdadero: que yo culpo solo al magisterio del desastre educacional.

En efecto, parte de la escasa calidad de nuestro sistema educativo tiene que ver con la mala preparación de los maestros. Pero en ningún lado afirmo que todos son incompetentes; sería imprudente generalizar. Es más, se dieron como razones adicionales la galopante corrupción sindical, la CNTE y su conflictividad y la propia autoridad educativa (SEP) que no ha sido capaz de resolver los múltiples problemas que anidan en el área educativa nacional. No son gratuitas las controversias constitucionales que han sido presentadas por el Poder Ejecutivo en torno a la reforma educativa.

Usé, la semana pasada, el caso finlandés como ejemplo de excelencia educativa: la formación de los maestros, que implica tener una maestría, los buenos salarios que disfrutan, pero sobre todo el vínculo entre la autoridad educativa, los padres de familia y los alumnos. Éstos conforman un grupo compacto cuyo objetivo es mantener la altísima calidad educativa como una prioridad de ese país.

En este contexto vale acentuar algunos puntos: el primero es que un mayor presupuesto no es condición necesaria ni suficiente para una educación de mejor calidad. En México se gasta mal y se administran peor los recursos educativos. Por eso el remitente del correo aludido dice que el dinero no llega a las escuelas y, con frecuencia, “quien pone el material que se usa en las escuelas son los maestros”. Tampoco sirve de nada, añade, estudiar más, pues el esfuerzo no se refleja en una calidad de vida digna. Se sabe que una buena cantidad de escuelas carece de los servicios mínimos y muchas de ellas se encuentran en condiciones poco propicias para la enseñanza del alumnado. ¿Dónde queda el dinero?

En relación con la corrupción, en el correo aludido hay una pregunta atendible: ¿quién autoriza el gasto? La respuesta es el gobierno, ya sea el federal o estatal. Se ha desarrollado una simbiosis entre el SNTE y el propio Estado, y la CNTE no está al margen de la misma. El sindicato tratando de obtener canonjías y el Estado no quiere perder un aliado útil, sobre todo en temporadas electorales.

La reforma educativa propuesta por la administración presidencial actual tiene como meta recuperar la rectoría del Estado en materia educativa. Si bien esto es loable, falta añadir ingredientes para que no se reduzca dicha reforma en una redefinición burocrática y administrativa; elevar la calidad tendría que ser la prioridad más alta. Sin embargo, muchos maestros (no todos) rechazan la evaluación como mecanismo de ascenso. Muchos educadores temen ser evaluados por la simple razón de que no aprobarán los exámenes correspondientes. Pero hasta en este punto la autoridad educativa ha cedido: aun si un maestro reprueba el examen correspondiente, su situación laboral no se verá afectada, lo que lleva a la conclusión de que evaluar en México es una tarea innecesaria y costosa.

Mucho revuelo provocaron las cifras dadas a conocer por el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco). En su informe de hace unos días dio a conocer un panorama lleno de irregularidades que acompañan al sistema educativo. Maestros que ganan más que el Presidente, decenas de Lupitos que están en nómina y otras anomalías: los datos, sin duda, son un reflejo del sistema educativo que tenemos y no una distorsión de la realidad. Se trata de un estudio riguroso, pues lo avala el Inegi. Sin embargo, la autoridad educativa arremetió de inmediato contra el Imco, descalificando su trabajo como carente de seriedad y rigor. La labor de esa autoridad sería comprobar los datos y no descalificarlos de botepronto, como lo hicieron el gobernador de Hidalgo y uno de los subsecretarios de la SEP. Se pone en evidencia, con estos desplantes, la opacidad con la que se maneja una gran cantidad de recursos destinados a la educación y en vez de que se aclare el panorama educacional, no solo lo oscurece más, sino refuerza la idea de que la corrupción sindical existe, que la autoridad educativa es incompetente y que la educación mexicana no solo está reprobada, sino que es un verdadero embrollo.

jreyna@colmex.mx