De paso

Los egresados universitarios y el desempleo

Los universitarios tienen un porvenir incierto y la fuerza de trabajo mexicana, en general, se encuentra en una zona muy deprimida.

Sin duda, la inversión en las universidades es indispensable para el desarrollo de un país. Sin una sólida infraestructura de educación superior, que tiene su sustento en la Universidad (con mayúscula), el crecimiento nacional y la calidad de vida están condenados al fracaso. En México se invierte alrededor de 7 por ciento del PIB en el rubro educativo. Pese a ello, el promedio de escolaridad de la población económicamente activa es de 9 años: un país de educación secundaria.

La semana pasada se publicó un reportaje desconsolador (S. Hernández, El Universal, 2/VIII/15). En el mismo se afirma que en México hay “3.1 millones de jóvenes con título universitario, pero no todos tienen empleo” (las cifras provienen de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo). La realidad lacerante es que dos de cada cinco universitarios están desempleados. 41 por ciento de los profesionales universitarios menores de 30 años no tienen trabajo o han ingreso a la zona de la informalidad, que en este país se acerca a 60 por ciento del total de los trabajadores.

Es frecuente encontrar a un universitario que se gana la vida como taxista. O como vendedor de cualquier cosa. La inversión hecha en la formación de capital humano no está funcionando de manera eficiente. Si a esto se añaden aquellos que sí tienen un empleo, la remuneración es infame al considerar el grado de estudios: 6 mil 870 pesos mensuales, en promedio. Una juventud preparada académicamente tiene, en pocas palabras, un futuro incierto. Lo anterior demuestra también que no hay correspondencia entre el mercado laboral y el capital humano que se genera en las aulas universitarias.

Otro reportaje señala que en siete años se perdieron más de 3 millones “de empleos bien pagados”, de acuerdo con el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado. En el mismo estudio se señala que solo 21.3 por ciento de los trabajadores (universitarios incluidos) ganan más de tres salarios mínimos (alrededor de 6 mil pesos) y 78.7 obtienen ingresos que oscilan entre uno a tres salarios mínimos (L. Moreno, MILENIO Diario, 20/VII/15). En esta nota se sostiene, además, que el ingreso corriente total de los hogares mexicanos registró, en 2014, una “caída real de 3.2 por ciento” en comparación con el dato de 2012.

Estos datos confirman el aumento de los niveles de pobreza en México: 2 millones en lo que va de este sexenio. Confirman que el mercado laboral es restringido al ofrecer pocas oportunidades de trabajo para acceder a los espacios productivos. El problema nacional de la baja productividad en el país se asocia claramente con un precario mercado laboral.

En el primer estudio mencionado se apunta que los profesionales universitarios menores de 30 años que trabajan o buscan ocuparse asciende a 3.15 millones; 290 mil están desempleados y 1.08 millones se encuentran instalados en la informalidad. Los dos trabajos citados arriba se basan en datos duros. Insinúan que la problemática del empleo y el magro crecimiento económico nacional dibujan un panorama desalentador para el futuro del país. Habría que añadir a esta problemática que enfrenta México las nuevas estimaciones a la baja del PIB para este año (2.5 por ciento), el precio del petróleo en picada, el dólar al alza y el incremento de los niveles de pobreza. Se puede concluir que los universitarios tienen un porvenir incierto y que la fuerza de trabajo mexicana, en general, se encuentra en una zona muy deprimida.

jreyna@colmex.mx