De paso

El "efecto cucaracha"… y otros más

El efecto cucaracha, de acuerdo con el jefe de Gobierno de la CdMx, es el factor explicativo de los asaltos ocurridos hace unos días en el Periférico, a la altura de Reforma: se controla un delito en un lugar para repercutir en otro. El problema, por tanto, no se resuelve. Para el caso, sería mejor admitir que se trata de una deficiencia del aparato de seguridad capitalino. Las cucarachas, por cierto, tienden a sobrevivir cualquier holocausto.

La CdMx luce fuera de control. Para que se entienda, hay que exagerar: está hecha pedazos y no existe el conjunto de políticas públicas que mitiguen el desastre. Se podrían enumerar otros efectos tan nocivos como el de la cucaracha. La plaga inmobiliaria que corroe, sin obstáculos, la capital. Un urbanismo que se basa, con frecuencia, en la ilegalidad bajo la mirada esquiva de la autoridad. Permisos de construcción que se otorgan al margen de los reglamentos vigentes; atienden, más bien, las leyes del mercado. El complejo Nueva Antara, en Picacho y Periférico Sur, y el desarrollo Granados, en la delegación Miguel Hidalgo (el nuevo Polanco), entre otros, harán de esas zonas de la ciudad espacios lujosos, pero cercano a lo invivible: tránsito insufrible, irritación vecinal, aunque, sin duda, ganancias jugosas para los dueños de las inmobiliarias y, tal vez, para algunas autoridades.

El efecto tránsito miserable, una de las consecuencias de ese urbanismo desenfrenado. Una aplicación de Google midió la Satisfacción de Conducción 2016. Con base en la experiencia de miles de usuarios, se encontró que el tráfico de la CdMx es “miserable”. En una calificación que varía de 1 a 10, la capital mexicana obtuvo 4.81. Cuando son considerados los embotellamientos (vehiculares, por supuesto), el tiempo de traslado, la velocidad en horas picos, entre otros indicadores, el puntaje desciende a 1.21 puntos (Reforma/Ciudad, 17/IX/16). Los baches (una ciudad bombardeada) y los topes contribuyen al brutal caos vehicular. Y no se avizora solución alguna.

El problema de la contaminación no se ha resuelto. Está paliado, momentáneamente, por la temporada de lluvias. Sin embargo, el efecto autoridad negligente está presente: verificar un auto es un grave padecer, no solo para los automovilistas, sino para los vecinos que habitan en los alrededores de los verificentros. Es necesaria, sin duda, la verificación rigurosa de todos los vehículos, incluyendo (hay que insistir) los transportes de carga que incumplen la ley a la vista de todos. La autoridad tuvo que haber contemplado el número suficiente de lugares para que los automovilistas no perdieran días completos de trabajo. Verificar se volvió un viacrucis por la falta de planeación. Añádase el engorroso trámite de cambiar la tarjeta de circulación cada tres años. Puede colegirse que el gobierno capitalino desprecia a sus habitantes, sometiéndolos a tantas torturas.

El jefe de Gobierno está lejos de las expectativas que generó cuando fue electo. Si tiene explicaciones como el efecto cucaracha (y otros más), la capital del país seguirá en el tobogán.

jreyna@colmex.mx