De paso

La educación en México está reprobada

La mayoría de maestros está mal preparada, la corrupción sindical y magisterial es un cáncer imbatible que invalida toda medida reformista y si se añade la conflictividad del magisterio se tiene un panorama decepcionante.

De acuerdo con un estudio que analiza el nivel educativo de 40 países, México ocupó el penúltimo lugar de la lista. La investigación fue elaborada por la publicación británica The Economist (Unidad de Inteligencia: “La Educación en México, entre las tres peores del mundo”). Después de más de un año que fuera aprobada la reforma educativa no hay resultado favorable alguno que permita justificarla. Diversos factores explican por qué México sigue empantanado en un rubro que es fundamental para el desarrollo del país: la enorme corrupción sindical, la disidencia (CNTE) que practica más el vandalismo que la enseñanza y una autoridad educativa que no se ha atrevido a deshacer la confrontación de intereses que imperan en el sistema educacional.

La calidad educacional es liderada por países asiáticos: Corea del Sur, Japón, Singapur y Hong Kong. El otro es Finlandia, que tiene un sistema de altísima calidad. Cabe preguntarse en qué consiste el éxito de los mejores sistemas educativos del mundo en aras de que sus políticas sean consideradas en la formulación de estrategias que saquen a México del vergonzoso sitio que ocupa, educacionalmente hablando, en la escala educativa mundial.

Cuando se habla de éxito educativo se hace referencia a la resolución de problemas prácticos: el punto se resume en el argumento de una profesora china: “En nuestros colegios intentamos enseñar las matemáticas con aplicaciones a la vida cotidiana para hacerlas más digeribles”. Otro ejemplo lo proporciona Singapur. El objetivo es incrementar las habilidades de sus estudiantes por medio de ejercicios como, por ejemplo, diseñar su propia jubilación: se toman en cuenta tres clases de planes de ahorro que ofrecen distintos tipos de interés. (ABC, 7/IV/14). El aprendizaje se aplica en problemas concretos de manera que se eleve la capacidad de resolución de los mismos. No es fortuito, por tanto, que los países asiáticos lideren la calidad global de la educación y en muchos otros rubros.

Finlandia es un caso digno de mencionar; sin duda es el país europeo mejor evaluado de acuerdo con los resultados de la prueba PISA 2012 (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes). Se observó en ese año, sin embargo, un descenso en el desempeño educativo que lo dejó por abajo de Corea del Sur, Japón y Singapur. En el momento que se conocieron los resultados, la ministra de Educación finlandesa anunció la creación de un foro de expertos en enseñanza junto con políticos, padres y alumnos. Pese a que fue un leve descenso en la escala de medición correspondiente, el objetivo de ese foro era garantizar el futuro del sistema educativo. Ante los resultados desfavorables, la reacción fue inmediata: recuperar, a la brevedad, el terreno perdido. Cabe añadir
que el sistema finlandés, desde la educación básica hasta la universitaria, es gratuito.

La educación es la mejor arma contra la desigualdad y el mejor instrumento para catapultar el crecimiento económico. En México se invierte alrededor de 7 por ciento del PIB en el área educativa y los resultados desconsuelan. Derrumba el argumento de que a mayor presupuesto mayor educación. Tampoco es un problema de carga horaria. Es falso que a mayor número de horas de clase, el conocimiento de los estudiantes sea mejor.

La fórmula del éxito se encuentra en el cuerpo docente. En Finlandia el profesorado tiene un nivel de formación extraordinaria, con una selección previa tan exigente que no se compara con ninguna otra en el mundo. A todos los maestros se les exige un posgrado (maestría). Sus salarios oscilan entre 29 mil y 39 mil dólares anuales y su entrega docente es total, de acuerdo con el psicopedagogo español Xavier Melgarejo (BBC-Mundo, 13/VI/13). Juega, además, de manera significativa el “orgullo de ser maestro”, un ingrediente cultural fundamental y una condición necesaria para un sistema educativo eficiente.

Conocer estos datos y compararlos con los de México permiten entender por qué nuestro país está reprobado. La mayoría de nuestros maestros está mal preparada, la corrupción sindical y magisterial es un cáncer imbatible que invalida toda medida reformista y si se añade la conflictividad del magisterio se tiene un panorama decepcionante. La relación entre el Estado, padres de familia y alumnos podría ser un mecanismo para mejorar la formación magisterial y conseguir eso que se llama “el orgullo de ser maestro”. Puede pasar una generación para lograr este objetivo. Mientras tanto, estamos reprobados.

jreyna@colmex.mx