De paso

El muro…

El muro es un delirio esquizofrénico trumpiano. De acuerdo con su peculiar forma de “pensar”, esa construcción esterilizará a su país de los males que provienen de muchas latitudes del orbe. Un intento de marginar, entre otros, a los mexicanos, pues somos por definición suya el signo de la malicia. Un muro para “salvar” su inventada y trasnochada “América”, acechada por la malvada comunidad internacional. Una “invención” que explica, aunque no esté sustentada por los hechos, el grito refulgente “hagamos grandiosos otra vez a los Estados Unidos”. Trump inventó un mundo irreal que convirtió en funesta realidad, pues sus seguidores le otorgaron el pase para liderar al país más poderoso del planeta. El muro no solo redefinirá la relación diplomática con México, tendrá implicaciones globales inimaginables.

El muro no resolverá problemas; por el contrario, los hará más graves. El muro no es una solución, será parte de un conflicto innecesario, casi una guerra, que se acentuará en la medida que su construcción continúe (ya hay tramos construidos). El muro es una bofetada para México. El muro no detendrá el flujo de personas para aventurarse en la búsqueda de esa “América” blanca, que Trump tiene en la cabeza, para hacer el trabajo que “ni los negros quieren hacer”, tal como en su momento lo declaró el preclaro ex presidente Vicente Fox. El muro es un resquebrajamiento crítico de la relación bilateral pero, a la vez, una oportunidad para reunificar a esta nación. El muro no nuestro gobierno, nos está uniendo.

El muro no detendrá la inmigración musulmana, otra de las tirrias del primer mandatario estadunidense. El muro no detendrá el libre comercio globalizado, que es la fórmula idónea, en la etapa del capitalismo actual, para su desarrollo. El proteccionismo es regresivo; la globalización es el futuro, no de “América”, del mundo.

El muro no detendrá el flujo de drogas tan necesarias para una sociedad adicta. Si de algo depende “América” de México, entre otras cosas, es porque desde nuestro país se surten los sedantes que le permite pensar, a una buena parte de ellos, que “otra vez serán grandiosos”. Sería deseable que las organizaciones dedicadas al tráfico de estupefacientes se solidarizaran (al menos en esta coyuntura) con el país que los cobija para hacer tan fructíferos negocios.

Que dejen de surtir drogas al mercado del país vecino por un buen tiempo, aunque sufran pérdidas millonarias. Sin los estupefacientes, que con tanta asiduidad consumen nuestros vecinos del norte, el humor y la bravuconería podrían cambiar de manera radical. Hasta los blancos “supremacistas”, hoy engallados por su insigne líder populista, se doblarían ante el síndrome de la abstinencia. Sería una fórmula de que el muro se revirtiera contra Trump y éste vocifere: contengan a los pachecos que quieren irse a México. Paren la construcción del muro.

El muro es una aberración. Tendrá efectos adversos en la sociedad estadunidense, en la nuestra y en el mundo. El muro es una brutal sinrazón.

jreyna@colmex.mx