De paso

“Hay desconfianza en lo interno…”

Parte del título de esta columna fue extraído del tercer Informe presidencial. Es improbable que alguien esté en descuerdo con la afirmación. La desconfianza ciudadana de las instituciones del régimen es creciente. El Informe del jefe del Ejecutivo la reconoce en su discurso. Falta definir los hechos para que la reviertan. No será tarea fácil. El desgaste institucional se acentuó, de manera notable, durante el último año. Nuestra cultura política privilegia la opacidad, la que estimula la suspicacia. Sirva de ejemplo el alto costo de los procesos electorales. Si se tuviera confianza en las instituciones, la erogación multimillonaria que se invierte en las elecciones sería significativamente menor. El costo por voto en México es uno de los más altos del mundo.

La administración presidencial tiene tres años más de vida. De acuerdo con el Presidente, se tiene rumbo aunque las turbulencias internas y externas lo pongan en riesgo. Hay que remar contra la corriente llevando a cabo acciones contundentes que no solo sorprendan a la ciudadanía, sino que la convenzan que, en ese rumbo, la impunidad y la corrupción serán aniquiladas y cederán su lugar a la transparencia y la rendición de cuentas.

Iniciar un proceso de reconstrucción de la confianza implica instrumentar una fuerte operación de autocrítica. Reconocer un error es mejor que ocultarlo dentro del laberinto institucional y legal que se yergue en el país, tal como lo hizo el titular de la SFP. Transparentar el actuar público es mejor que refugiarse en la covacha de la opacidad. Cuántos actos indebidos se cometen de manera cotidiana y ya ni siquiera nos sorprenden. El Presidente informa a la nación, y algunos de los señalados por presuntos actos indebidos comparecen como sus invitados o como parte de su equipo de trabajo. ¿No es una contradicción?

Hoy en día se cuenta con el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI). En teoría, es un organismo básico para la consolidación de una ciudadanía informada y, sobre todo, para reforzar los dichos presidenciales recién vertidos. Sin embargo, con frecuencia se encuentra que la información solicitada está bajo la categoría de reservada. Hay ejemplos: la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) reservó por 10 años la información del fideicomiso de los trabajadores de Ferrocarriles Nacionales o lo que queda de éstos. Dicho acto encubre a su cuestionado líder (Víctor Flores) e impide saber el destino de los fondos de los trabajadores.

El actual director del Metro y ex presidente de la comisión especial que investiga la Línea 12 afirmó "que la información del Fideicomiso de Pago, constituido con recursos públicos, está reservada por 15 años (entrevista concedida a MVS, radio). Lo mismo sucede con la construcción de la barda perimetral del nuevo aeropuerto de la capital. Invocando a la seguridad nacional, la información respectiva está reservada por 12 años (del espacio radiofónico de C.G. Leyva).

La revista Forbes (http://www.forbes.com 26/XII/14) sostiene que el gasto público es un laberinto de opacidad y de corrupción. Entre 2001 y 2012 se despilfarraron 6 mil millones de dólares. Guatemala acaba de dar un ejemplo: el Congreso destituyó y encarceló a su presidente. Dejar atrás la opacidad y actuar con contundencia son los caminos para reconstruir la confianza, tan desgastada en nuestro país. No hay otro camino.


jreyna@colmex.mx