De paso

El crimen se apodera de las instituciones

El título de este artículo proviene de una entrevista al ex presidente Calderón para un periódico paraguayo y transcrito por MILENIO Diario (26/XI/13). Imposible estar en desacuerdo con el dicho, excepto por estar fuera de lugar (un ex presidente) y fuera de tiempo (un año después de dejar el cargo). Durante su administración solía jactarse de que la delincuencia organizada iba perdiendo la batalla declarada desde el Estado y se reconfirma ahora la imprecisión de la afirmación. Cabía la interpretación de que sus palabras fueran una crítica dirigida a la administración presidencial actual, pues Calderón necesita oxígeno para continuar su brega en aras de mantener, aunque sea parcial, el control de su partido.

Sin embargo, en Los Pinos no compraron la provocación y decidieron desoír una desafortunada, pero exacta, declaración del ex presidente (Bajo Reserva, 26/XI/13). Tan fue así que un día después aclaró que no era una acusación al gobierno de Peña Nieto y que sus palabras “fueron descontextualizadas”. La afirmación era un intento de explicar “el proceso que ha vivido México en la última década”. En este contexto, la afirmación de Calderón cobra verosimilitud.

La administración de Calderón dejó mucho que desear. Un dato: de acuerdo con un análisis reciente de Alejandro Hope, en 2007 se pensaba que México tendría la primera generación más pacífica en la historia del país. Sin embargo, en “los siguientes 48 meses se triplicó el número de asesinatos y en algunas regiones la violencia alcanzó rangos cercanos a los de una guerra civil (“La tormenta perfecta, 2007-2011”, Nexos, noviembre 2013, p.36). A su sexenio lo ahogó una ola de sangre, que por desgracia no tiene trazas de ceder. La explicación general: el andamiaje institucional mexicano se está desmoronando.

En la entrevista, Calderón aceptó “que la corrupción es un mal endémico en México”. Doce meses después de haberse ido, el señor  descubre el hilo negro cuyo origen data de mucho tiempo atrás, pero tuvo un momento de esplendor durante su administración. Recuérdese el desaseo del ex secretario García Luna o las irregularidades que tuvieron lugar en la Procuraduría General de la República, en particular durante el último tramo de su mandato. Qué decir de la Estela de Luz.

Justifica Calderón su estrategia guerrera como sigue: “(decidí) combatir a los grupos de la delincuencia organizada porque sus integrantes se estaban convirtiendo en los mandamases de México”. Y es cierto: el narcotráfico, la extorsión, el secuestro azotan al país de manera implacable. Y las cosas siguen prácticamente igual: no se resolvió el problema y hoy en día no hay visos de solución. Es probable que pase más de un sexenio para encontrar una fórmula salvadora.  Agrega el ex presidente que su lucha “no fue contra el narco, sino por la seguridad pública”. Inquieta esta afirmación porque si algo desapareció en este país es precisamente la seguridad. Ésta se perdió por la corrupción y la impunidad: los 80 mil muertos (o más) son una especie de constancia al respecto. México experimentó, sobre todo a partir de 2007, un severo deterioro institucional que afecta áreas neurálgicas del Estado mexicano.

Sirva como ejemplo Michoacán, que prende la alarma no de la región, sino de todo el país. Ahí está la supuesta lucha de la CNTE contra la reforma educativa: sin control. Su existencia se explica por esa debilidad institucional que nos lacera. Esta organización sindical se ha convertido en otro engrane que no desafina con la delincuencia organizada. No dan clases pero cobran, pueden irrumpir, asaltar y destrozar sin castigo de por medio y todo con el consentimiento del (supuesto) gobernador oaxaqueño.

Calderón diagnostica que la delincuencia organizada se ha “sofisticado”, lo que implica que se ha desarrollado un brazo político y de poder que desafía  al propio Estado. La situación no puede ser peor: un Estado amenazado con instituciones de rendimiento deficiente y decreciente.

El problema que enfrenta México en cuanto a seguridad lo ha explicado a destiempo el ex presidente. La delincuencia organizada se ha apoderado de algunas instituciones y los esfuerzos futuros que tendrán que hacerse para impulsar el crecimiento y el bienestar serán muy grandes. Qué bueno que Calderón haya hablado ante la prensa paraguaya y haya explicado  lo que pasa en México, un país cuyas instituciones han sido socavadas: fortalecerlas es el mayor reto de Peña Nieto, a un año de haber asumido la Presidencia del país.