De paso

Los claroscuros de Mancera

Mancera debería ofrecer explicaciones sólidas para la toma de las decisiones y el acontecer de su gobierno. De no hacerlo, su desplome aprobatorio será mayor. Tiene que rediseñar su gabinete.

El ex procurador del Distrito Federal tuvo carisma. Sin embargo, después de asumir la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México, ese atributo se ha ido diluyendo con rapidez. Mancera se ha visto dubitativo en la resolución de los múltiples problemas que aquejan a la ciudad capital: no los resuelve y, en ocasiones, los complica. Yo voté por Mancera. Me convenció la sensatez y la sencillez que mostró, en diversos casos, como procurador de Justicia del Distrito Federal. No tiene una afiliación partidista, pero puede ostentarse como un político de izquierda. Esto hizo aún más atractiva su candidatura para gobernar una ciudad tan compleja como es nuestra capital. La votación de la ciudadanía lo dice todo: tres de cada cinco capitalinos lo prefirieron. Los candidatos del PRI y el PAN fueron borrados.

En su primer informe de gobierno, Mancera aceptó que su inauguración como gobernante no ha sido fácil. Diversos conflictos, algunos ajenos a su gestión, como los actos vandálicos que han tenido lugar desde el 1 de diciembre del año pasado, la incansable rémora que representa la CNTE, los desaparecidos en un bar en plena Zona Rosa de la capital (droga) han sido capítulos nada fáciles de sortear. Con base en el desempeño en estos casos, entre otros, la percepción ciudadana es que el Mancera gobernante no ha mostrado su fuerza, titubea ante decisiones difíciles y por tanto su aprobación como jefe de Gobierno se desplomó en los últimos meses, de acuerdo con un sondeo del diario Reforma (5/XII/13). La aprobación de los “líderes” encuestados disminuyó de 54 a 35 por ciento de agosto a diciembre. Los “ciudadanos” siguieron la misma pauta, pero de manera menos drástica: su aprobación cayó de 55 a 42 puntos porcentuales: fuerte llamada de atención.

Sin duda, el gobernante citadino tendrá que tomar nota de la desaprobación a la que se ha hecho merecedor. Algunos argumentos en su favor son que el conflicto de la CNTE, que ha asolado cual plaga a la capital, no es un problema de su incumbencia. Sin embargo, el centralismo que nos persigue desde siempre hace que cualquier conflicto, para que adquiera resonancia nacional, tenga que expresarse en el corazón del país: el Distrito Federal. Tal vez Mancera ha actuado con mesura, pero sin duda le ha faltado fuerza para enfrentar a la turba “centeista” que ha ido desgastando la paciencia de los capitalinos, la de los empresarios que circundan el Monumento a la Revolución y su figura como gobernante.

En este país, sobra decirlo, el estado de derecho es casi inexistente. Tiene que tomarse, sin embargo, una decisión para solucionar el problema magisterial. De no tomarse, el conflicto puede alargarse infinitamente, con los costos correspondientes que tienen que pagar los capitalinos. Mientras tanto el gobernador fallido de Oaxaca vive en “el paraíso”: nos exportó su “bronca”.

Pero hay otras cosas en que Mancera no ha sido del todo congruente. En el inicio de su mandato, modificó el valor de los automóviles para exentar la tenencia. Se fijó, en un principio,  hasta 350 mil pesos para obtener el beneficio de no pagar la tenencia vehicular. Sin embargo, él redujo el monto a 250 mil pesos: se ensanchó el número de contribuyentes. Pese al cobro de ese impuesto, la ciudad es un enjambre de baches para el gozo de las empresas llanteras, un caos vial cotidiano y algunos de sus policías de tránsito son, como siempre, muy corruptos (se ofrecen pruebas). Nombró a un city manager (Aboites) que seguramente cobra un sueldo suculento, pero ninguna acción significativa ha salido de esa oficina: una figura burocrática-decorativa de su administración. Con base en una encuesta (hay que recordar que Mancera prometió que gobernaría junto con los ciudadanos) el costo del boleto del Metro subió dos pesos y habrá que esperar que la medida no agrave la cotidianeidad citadina. Renunció su secretaria de Cultura: mal augurio. Se cometió un robo en el centro comercial más ostentoso del país (Santa Fe) sin que hubiera detenidos. ¿Están las cosas fuera de control?

Reforma (10/XII/13) publicó que la percepción de la inseguridad en el Distrito Federal se ha incrementado de manera significativa. Me gustaría que Mancera, como en su campaña, nos ofreciera explicaciones sólidas para la toma de las decisiones y el acontecer de su gobierno. De no hacerlo, su desplome aprobatorio será mayor. Tiene que rediseñar, además, su gabinete. No es el mejor, porque poco le ayuda. Ojalá rectifique, por el bien de la capital, de sus ciudadanos y por su propia trayectoria.

jreyna@colmex.mx