De paso

¿Quién asesora al doctor Mancera?

El jefe de Gobierno del Distrito Federal fue electo (2012) por una abrumadora mayoría: tres de cada cinco capitalinos (más de 60 por ciento) le obsequiaron su voto. Tuvo un desempeño sensato en su anterior posición (la PGJDF). Convenció a gran parte del electorado capitalino por su espontaneidad, que fue acompañada por un lema de campaña sugerente: "Decidamos juntos". Una invitación para compartir, gobernantes y gobernados, los tantos problemas que aquejan a la capital.

Aunque postulado por el PRD, ha mantenido una sana distancia con su partido (no está afiliado). En su discurso de toma de posesión del cargo, ante la Asamblea Legislativa del DF, subrayó que la "gratitud, la lealtad y la honestidad" serían valores irrenunciables. Esa gratitud expresada en el solemne acto la definió así: "Mi gratitud a toda la gente que me dio su voto y que me permite encabezar esta nueva va revolución pacífica para alcanzar los grandes cambios inaplazables".

Tres años después, el jefe de Gobierno aspira a la Presidencia del país. Es sabido que un gobernante de la capital es un candidato natural para ocupar ese puesto. Ejemplos sobran (Casas Alemán, Manuel Camacho, López Obrador, Ebrard, entre otros. Ninguno de ellos la ha alcanzado). Su intención entierra aquel principio de quien se mueve no sale en la foto. Son, sin embargo, otros tiempos. Lo malo es que en esa aspiración de poder haya olvidado el "decidamos juntos".

No sería políticamente correcto rechazar al jefe de Gobierno capitalino a la mitad del camino. Sí lo es exigirle (solicitarle, para atenuar la expresión) que recordara las palabras pronunciadas cuando asumió el cargo y que haga efectivo su lema de campaña, sobre todo hoy, cuando hay una sociedad (no solo la del DF) irritada por las circunstancias que envuelven al país.

Ha habido proyectos polémicos en su gestión de gobernante. El corredor Chapultepec, por ejemplo, fue encargado a un personaje (Simón Levy) que dice ser lo que no es. Se le ha señalado como plagiario de su tesis de doctorado (UNAM) y haber desempeñado funciones que no se alinean con la realidad. (Véanse los artículos de Salvador Camarena publicados en El Financiero, 2 y 7/XII/15). ¿Será tan ingenuo nuestro jefe de Gobierno para aceptar a una persona cuestionada así, sin más? Por fortuna, el proyecto se canceló, pero el doctor (¿?) Levy sigue en funciones.

El Reglamento de Tránsito, que ojalá sea respetado y no conduzca a mayores niveles de corrupción, está hecho para hacer de las multas una mina de oro. Hay disgusto porque fue concesionado a una empresa privada con la que dividirá las ganancias de las multas. Antes de promulgar dicho reglamento tuvo que haber una campaña de concientización para erradicar nuestra brutal incivilidad vial. Pero no se hizo. La medida, buena en algunos aspectos, causa enojo. Y para empezar 2016, el GDF ha decidido incrementar el costo de la verificación vehicular de 414 a 472 pesos, sin hacer más exigentes las normas ambientales para aprobarla. Una parte de esta alza se abonará a un fondo para proteger la ecología (¿será?), pero se pasó por alto que cualquier aumento intempestivo no es fácilmente aceptado por la ciudadanía. Otros trámites (licencias de conducir, refrendos vehiculares) también incrementarán su costo. Son medidas irritantes por su unilateralidad. La gratitud y la intención de compartir las decisiones de la ciudad han pasado a un segundo plano. Por eso vale la pregunta, ¿quién asesora al doctor Mancera? ¿O tendrá mala memoria?

jreyna@colmex.mx