De paso

Temor a la transparencia

Sin este concepto, poco se avanzará en la incipiente democracia que tenemos. Hay temor para que se conozca a fondo el quehacer de los políticos.

México tiene un enorme déficit de transparencia. Hay temor, en la clase política, para exponer públicamente lo que hace y lo que tiene. En algunos casos es para evitar la crítica. En otros, para no ser descubierto en algo que transgreda alguna regla. Ser honesto es un reto enorme. Así lo demuestran los datos del World Justice Project, cuyo análisis colocó a México, el año pasado, en el lugar 77 entre 99 países en materia de sobornos (F. Garfias, Excélsior, 22/IV/15). Otro estudio (Universidad de las Américas-Puebla) demuestra que México es el segundo país con el mayor puntaje en cuanto a impunidad (MILENIO Diario, 22/IV/15). La explicación es simple: la ausencia generalizada de castigo es el seguro para cometer cualquier tipo de acto indebido; el llamado estado de derecho es un mito.

En un régimen democrático, todo aquel que busque un cargo de representación popular tendría que hacer pública su trayectoria de vida. Para la elección de junio próximo se han registrado 4 mil 496 candidatos (gobernadores, presidentes municipales, diputados federales y locales). Llama la atención que, hasta ahora, 98.8 por ciento de los contendientes se resisten a divulgar lo que se llama “hoja de vida” (curriculum vitae). En otras palabras, solo 58 personajes del grupo que será parte de la clase política han hecho pública su trayectoria profesional, política y personal. Ni que decir acerca de los patrimonios adquiridos.

La que se aproxima será una elección compleja. La crisis política que envuelve al país es profunda. La ciudadanía tendría, por tanto, que contar con los datos básicos para conocer el perfil de cada uno de los candidatos para emitir un voto (más o menos) razonado. Sin embargo, no es el caso. La renuencia a exponer esa información tiene un efecto: votar menos. El desprestigio del sistema de partidos inhibe la intención de sufragar. En la medida que este problema no se supere, nuestro sistema político seguirá padeciendo los problemas que lo aquejan: descubrir, después de la elección, que un servidor público ha incumplido con la ley, y lo peor, que puede ser un pillo.

Sería deseable conocer, por ejemplo, el perfil del  diputado federal o local que nos representará, del gobernador que encabezará una entidad federativa. En la mayoría de los casos ni siquiera sabemos el nombre de quien será nuestro diputado y, en el supuesto de votar, se hace por un partido y no por una persona que podría, estrictamente hablando, garantizar el interés y la expectativa ciudadana.

En plena campaña electoral, los partidos políticos se oponen a que sus candidatos hagan pública su declaración patrimonial, fiscal y de intereses (El Universal online, 25/IV/15). Aducen que es ponerlos en riesgo. Se puede desprender entonces que hay una especie de complicidad entre los institutos políticos y los candidatos que respaldan. Es más, se refugian en que hacer pública su trayectoria de vida no es un aspecto que se encuentre en la ley. No es, por tanto, obligatorio. No importa que después aparezcan los Abarca y tantos otros. Hoy, muchos no merecerían aspirar a un puesto de gobierno. El temor por la transparencia rebasa los límites razonables porque el país está hundido en un mar de corrupción. Puede concluirse que sin transparencia, poco se avanzará en la incipiente democracia que tenemos. Hay temor para que se conozca a fondo el quehacer de los políticos.

jreyna@colmex.mx