De paso

Tanque de oxígeno

Sobra decir que la captura del delincuente michoacano no resuelve los problemas de Michoacán ni los que se desprenden de la delincuencia organizada. La tarea es de mediano plazo: consolidar las instituciones.

Después de cinco meses de tormenta, la nave gubernamental encontró un asidero provisional: la captura del “delincuente más buscado en México”: La Tuta. En efecto, desde la barbarie de Iguala, la estructura de gobierno empezó a crujir. La desaparición de los normalistas, los escándalos inmobiliarios (la casa blanca, Malinalco), las propiedades neoyorkinas del ex gobernador Murat, el saqueo de Guerrero por la gavilla de Aguirre, el impune vandalismo magisterial, entre otras cosas, desequilibraron una administración que aparentemente navegaba en aguas tranquilas: reformas aprobadas, reconocimientos y elogios al Presidente del semanario TheEconomist y la revista Time: cómo olvidar esa portada en la que aparece Peña Nieto “Salvando a México”.

Todavía la semana pasada, la furia de la tormenta no amainaba. Un buen ejemplo fue el Día de la Bandera. Un acto público se volvió casi privado. La celebración se hizo en un cuartel militar en Michoacán. Se blindó, estrictamente, al jefe del Ejecutivo ante el temor de cualquier expresión de irritación de algún grupo social. No lejos de ese cuartel militar, se efectuaba una protesta (en Morelia) por la visita de Peña a la entidad.

Podría agregarse el correo personal que escribió el papa Francisco a un amigo, en el que advierte de la posibilidad de que Argentina se mexicanice. El Estado mexicano reaccionó como si fuera  una declaración de guerra del Vaticano. O el comentario del cineasta Iñárritu en una ceremonia, cuya audiencia fue de 36 millones de televidentes, donde deseó que México tuviera el “gobierno que merece”. El PRI acusó recibo de la pulla y le contestó: “estamos construyendo un mejor gobierno”. La advertencia, además, del gobierno de Texas para que sus estudiantes no viajen a nuestro país. El berrinche del multimillonario estadunidense Trump, quien instó a no hacer negocios con México y, de paso, criticar al sistema judicial mexicano.

No puede pasarse por alto el informe de la Auditoría Superior de la Federación que señaló infinidad de irregularidades en el manejo de los recursos federales. En todos los niveles de gobierno. Estos son los vientos, que no se han ido, que han hecho del gobierno mexicano una especie de ente impresentable; una nave a la deriva. La crisis de credibilidad no solo es interna, sino que ha encontrado el camino para diseminarse por el mundo. Sin embargo, se encontró un tanque de oxígeno, que incluso cambió el ánimo presidencial: La Tuta. No puede negarse el simbolismo y la valía de la captura. Ni la de El Chapo Guzmán produjo tanta euforia porque hace un año el gobierno se desplazaba en un clima apacible. Ahora, en medio de la turbulencia, el significado de la detención del profesor está en proporción directa a la honda crisis nacional.

Ese tanque de oxígeno le permitirá al Presidente una visita (empieza hoy) menos tensa a Reino Unido. Pero sobra decir que la captura del mediático delincuente michoacano no resuelve los problemas de Michoacán ni los que se desprenden de la delincuencia organizada. La tarea es de mediano plazo: consolidar las instituciones. Su porosidad es la que ha permitido la infiltración criminal en la estructura de poder. Hay que sellarlas y, con ello, legitimarlas. Por ahora, la captura sirve para tener un respiro que puede servir para diseñar una estrategia contundente para erradicar el flagelo que azota al país: la violencia delincuencial alimentada por la corrupción y la impunidad.

jreyna@colmex.mx