De paso

Una Semana Santa para recordar

La devaluación de 1954 fue una decisión que sirvió para inaugurar una de las etapas en que el crecimiento económico fue alto y sostenido y permitió que una incipiente clase media empezara a emerger. Se hizo durante la Semana Santa, entre otras cosas, porque impidió la reacción de los especuladores.

Transcurría el mes de abril de 1954. Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) presidía nuestro país. Desde que inició su mandato, impuso un estilo de gobernar que contrastaba significativamente con el de Miguel Alemán (1946-1952), su antecesor: la austeridad sustituía al derroche. Su secretario de Hacienda era Antonio Carillo Flores, un distinguido economista y escritor. La segunda guerra mundial (1939-1945) contribuyó para que México iniciara su industrialización. El país creció a tasas que rondaban 5 por ciento anual. Fue la época de la sustitución de importaciones. Durante el sexenio alemanista el país se modernizó, aunque a la par hubo un enorme dispendio de los recursos públicos: se construyó y se robó.

Ruiz Cortines heredó un país que todavía estaba en un proceso de consolidación. Puede sostenerse el argumento que durante su sexenio es cuando se afianza la estabilidad política del país, aunque por la vía de mecanismos autoritarios. Se cimentaron, además, las bases para que México tuviera una de las etapas más dinámicas de su historia económica: el desarrollo estabilizador (1955-1970). En este período nuestro país creció entre 6 y 7 por ciento, la inflación era de un dígito (casi siempre menor a 2 por ciento), los salarios reales crecieron y la estabilidad cambiara fue un logro macroeconómico sin parangón en la historia del país.

Una sagaz medida económica de Ruiz Cortines (y de su secretario de Hacienda) fue la devaluación del peso frente al dólar en abril de 1954. Exactamente el sábado de gloria: 17 de abril de 1954. Era el fin de la Semana Santa. Los empresarios, los especuladores y casi toda la clase política disfrutaban todavía de los días de asueto correspondientes a la llamada semana mayor. La medida fue sorpresiva. El peso se devaluó 44.5 por ciento al pasar la paridad de 8.65 a 12.50 pesos por un dólar. Esa paridad pervivió 22 años, cuatro meses y 13 días hasta que Luis Echeverría decidió devaluarla, el 31 de agosto de 1976. La tasa cambiaria pasó a 20 pesos por dólar. Ahí se inició una debacle cuyo origen fue un desmedido gasto público financiado por el endeudamiento externo e interno y del que todavía no nos recuperamos.

El gobierno de Ruiz Cortines defendió su decisión devaluatoria con varios argumentos. Uno de ellos era reducir las importaciones de artículos no indispensables. Los Cadillacs llegaban en torrente. Otro fue que sería un estímulo a las exportaciones mexicanas. Serían más competitivas en el mercado internacional. La devaluación de 1954 fue una decisión que sirvió, como se anotaba, para inaugurar una de las etapas en que el crecimiento económico fue alto y sostenido y permitió que una incipiente clase media empezara a emerger: esto ocurrió durante los años sesenta e incluso una parte de los setenta hasta que las debacles de las administraciones presidenciales posteriores a 1970 enterraron los logros obtenidos los años previos.

La devaluación se hizo durante la Semana Santa de 1954, entre otras cosas, porque impidió la reacción de los especuladores, quienes usualmente saquean al país. Los que tuvieron esa información privilegiada cambiaron sus pesos por dólares el miércoles anterior a los días santos y en unos cuantos días obtuvieron pingües ganancias. Pero fueron pocos.

Se justifican las líneas anteriores por lo siguiente: al actual periodo ordinario de sesiones le quedan poco más de dos semanas; hasta el 30 de abril. Como se sabe, las leyes secundarias de reformas fundamentales están todavía en proceso de elaboración. Incluso las correspondientes a la de telecomunicaciones tuvieron que estar terminadas hace unos meses. Las leyes secundarias de la reforma energética tienen como plazo el 19 de abril. Se trata de decisiones que no pueden legislarse al vapor. Ya hay voces que es imposible legislar al respecto de estas reformas (no son todas) durante las dos semanas entrantes. Se impone un periodo extraordinario para que la responsabilidad legislativa no ceda su lugar a la premura, generalmente llena de intereses políticos que no responden a los de la sociedad.

Sería deseable que la Semana Santa de 1954 no tenga una reedición en 2014. Ninguna decisión en medio del sigilo. Ninguna decisión para beneficiar a unos pocos. Y más cuando el diputado Beltrones ha declarado que es “irresponsable pedir un periodo extraordinario en mayo”. Lo responsable para él es que en una semana se legislen 29 leyes en materia energética  (MILENIO, 8/IV/4). Sin duda que el interés de la nación está por encima de la premura. De no ser así, se tendrán leyes secundarias cuestionables e ilegítimas, aunque legales.

jreyna@colmex.mx