De paso

Redefiniendo el sistema financiero global: BRICS

La dinámica de crecimiento económico se encuentra del lado de las economías emergentes, más que de los países consolidados. Habrá que esperar si el nuevo bloque de países es capaz de cuestionar la unipolaridad y hacer un reacomodo del orden financiero mundial.

Brasil albergó, la semana pasada, la creación de un nuevo bloque de países que puede tener implicaciones impredecibles en el mundo globalizado de hoy: la Cumbre de Fortaleza (ciudad ubicada en el noreste del país amazónico), que reunió a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) para construir un sistema financiero alternativo al de los países más desarrollados del orbe, encabezado por Estados Unidos. Se trata de cinco economías emergentes con una proporción significativa de pobres, pues en el interior de sus sociedades viven mil 700 millones en esa condición: equivalen a casi la mitad de los que se encuentran el mundo (El País, 16/VII/14). Sin embargo, su contribución al PIB mundial se acerca a 25 por ciento y el número de sus habitantes, en conjunto, ronda la mitad de la población del planeta.

Si se toma en cuenta el tamaño de sus economías, China es la segunda mayor después de Estados Unidos. India ocupa el tercer lugar, Brasil y Rusia compiten por el sexto y Sudáfrica es la menor, pues se ubica en el lugar 25. No son  países desarrollados, estrictamente hablando, pero en sus entrañas económicas se encuentra una parte muy significativa de los detonadores potenciales del crecimiento económico mundial.

El bloque BRICS ha creado un Banco de Desarrollo alternativo al de aquellas instituciones financieras creadas en 1944 (Bretton, Woods, USA): El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Estas instituciones tuvieron como fin el financiamiento del desarrollo mundial, duramente golpeado por los estragos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), pero cuyos centros de decisión eran (y son) tomados, hasta ahora, por las cúpulas de los países más desarrollados del orbe. Fue en ese año, y en esa reunión, cuando el dólar estadunidense se irguió en el referente monetario internacional, sustituyendo al “patrón-oro”.

El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) tendrá 100 mil millones de dólares para financiar proyectos. Además, tendrá un fondo de reserva por una cantidad equivalente cuya función será afrontar posibles crisis financieras que puedan afectar a los cinco miembros del bloque. La naturaleza política de la nueva institución, más que su esencia financiera, hace que la unipolaridad del mundo, que data desde hace un cuarto de siglo, tienda a redefinirse. Es una alerta política por el hecho de construir alternativas financieras que no necesariamente pasarán por las potencias hegemónicas.

El directorio del NBD es “democrático”. China, el país que monetariamente aporta más a su constitución, será el país sede de la nueva institución; tendrá una supervisión directa de sus actividades. La presidencia de la institución recaerá en un hindú. El primer presidente del Consejo de Administración del banco recaerá en un brasileño.

Algunos especialistas han externado que este grupo de países, bien disímiles entre sí, tienen como objetivo común luchar contra la desigualdad y las carencias en los rubros de salud, educación e infraestructura. Al final de la Cumbre de Fortaleza, los mandatarios del BRICS se reunieron con las presidentas de Argentina y Chile (Kirchner y Bachelet), así como con los jefes de Estado de Bolivia, Uruguay y Venezuela (Morales, Mújica y Maduro). En otras palabras, la institución lanza sus redes a países fundamentalmente del Cono Sur (Unasur), aunque no están excluidos algunos de Centroamérica y del Caribe. Adviértase que el presidente ruso visitó Cuba y Nicaragua.

No hay fecha para que el nuevo Banco inicie operaciones. Lo que se tiene ahora es la constitución de una institución alternativa que competirá con el sistema financiero establecido hace 70 años. China y Rusia, en particular, aspiran a conformar una alianza contra el dólar como referente monetario de las relaciones comerciales actuales. Su idea es alentar los intercambios en las monedas de los propios países poniendo a la moneda estadunidense al margen de las mismas. Sería difícil pensar en este momento cuales serían las implicaciones, bajo el supuesto de que esa medida prosperara. Sin embargo, no sería improbable que algunas crisis globales pudieran surgir en tanto que esa medida tuviera éxito.

Por el momento puede afirmarse que la dinámica de crecimiento económico se encuentra del lado de las economías emergentes (no olvidar a Corea del Sur y Taiwán), más que de los países consolidados. Habrá que esperar si el nuevo bloque de países es capaz de cuestionar la unipolaridad y hacer un reacomodo del orden financiero mundial. Está en puerta una redefinición de la política financiera global. ¿Y México donde está en esta coyuntura?

jreyna@colmex.mx