De paso

Reacomodos, sin proyecto de nación

Los recientes cambios hechos en el gabinete presidencial obedecen a un proyecto político cuya meta es 2018. Esos reacomodos no implican un proyecto de nación. En un entorno sociopolítico y económico adverso, los movimientos del Presidente no se encaminan a resolver los graves problemas que el país enfrenta. Se orientan, más bien, a tener más control de los procesos electorales, a asegurar la continuidad y a blindarse de las repercusiones probables que esta administración presidencial heredará al próximo mandatario(a).

El reacomodo protege a los cercanos del círculo de Peña. El secretario de Gobernación, jefe de la seguridad nacional, no sufrió quebranto alguno después de la fuga de Joaquín Guzmán y sigue tan firme como si nada hubiera pasado. Quien pago “la cuenta” fue el ahora ex comisionado de Seguridad Nacional. Otro damnificado fue el ex procurador general de la República, que después de haber dejado el puesto que ocupaba (Ayotzinapa lo desgastó significativamente), se hizo cargo por unos meses de esa dependencia de nombre largo y escasa visibilidad: la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. El otro despido fue el del secretario de Educación Pública, quien no pudo resolver los conflictos que surgieron como consecuencia de la propuesta, inacabada todavía, de la reforma educativa.

La remodelación del gabinete presidencial es una estrategia para ampliar las posibilidades sucesorias que tendrán lugar, si algo grave no pasa, en 2018. Son enroques. Uno de los funcionarios que desempeñó un buen papel fue el ahora ex canciller Meade. Le ha sido encargada la Secretaría de Desarrollo Social, que manufactura candidatos presidenciales: Luis Donaldo Colosio y Josefina Vázquez Mota. De la noche a la mañana el Presidente convirtió a Meade en un aspirante a sucederlo. El otro es el nuevo secretario de Educación Pública. Encapsulado en la principal oficina de la Presidencia, ahora se expondrá a la hostilidad de varias secciones sindicales del magisterio. Nuño tiene una prueba más difícil que la de Meade, pero de aprobarla se le reconocería su talento y sus activos políticos tenderían al alza.

El titular de la Segob ha salido ileso de los problemas de inseguridad y corrupción carcelaria. Es indudable que el Presidente lo necesita. El otro es el titular de Hacienda que pese al escándalo reactivado (Bloomberg) que lo rodea por la compra de una casa en Malinalco, sigue firme en el puesto que hasta ahora desempeña sin importar toda la problemática económica en la que está sumido el país. La responsabilidad del caos financiero y de crecimiento de la economía no es interna, proviene del exterior.

La remodelación abarca un cambio en la Secretaría de Relaciones Exteriores. La nueva titular, sin duda apta para el puesto que desempeñó (Turismo), tendrá que trabajar a marchas forzadas en reposicionar a México en el mundo. El descrédito nacional no puede ocultarse y, por lo mismo, surge la pregunta si tendrá las herramientas diplomáticas para lidiar con nuestro vecino del Norte y ser, por razones geopolíticas, protagonista en la renovada relación entre Cuba y Estados Unidos. El reacomodo es una apuesta política que deja al margen la definición de un proyecto nacional que le urge al país. Hay, en general, un desfase entre los nuevos nombramientos y la función que se les ha encomendado, con excepción del comisionado nacional de Seguridad. Cuando se clama por reencontrarse con la credibilidad y la confianza, el reacomodo no parece ser una pieza que resuelva el crucigrama nacional.

 

jreyna@colmex.mx