De paso

Peña Nieto entre la élite

El presidente asistió al foro de Davos, considerado uno de los principales escenarios que reúne a la élite que gobierna al mundo. Invitado como “líder joven global”, no fue con las manos vacías, llevaba logros (reformas) en el bolsillo.

Peña Nieto asistió por cuarta vez al foro de Davos (Suiza), considerado uno de los principales escenarios que reúne cada año a la élite que gobierna al mundo. Fue invitado como “líder joven global” (pese a sus casi 48 años). No fue con las manos vacías; llevaba logros (reformas) en el bolsillo. Su objetivo fue mostrarle al mundo que México es un país con un futuro promisorio. Pudo presumir que México es una democracia sólida: de acuerdo con su indicador, los 80 años de estabilidad política lo demuestran, pues nunca ha habido una interrupción de los sexenios presidenciales desde 1934. Además se ufanó de que, en poco más de un año de gobierno, se aprobaron varias reformas que sus antecesores inmediatos no pudieron lograr.

Enfrentar a la audiencia del foro no debe ser tarea fácil. Hablar en español lo puso en desventaja con muchos de sus homólogos, pues es imperdonable que un líder global no sea, al menos, bilingüe. Eso no arredró al mandatario mexicano para exponer con aire triunfalista las reformas aprobadas (todavía no instrumentadas y por tanto a la espera de resultados) durante su primer año de gobierno: laboral, educacional, financiera, fiscal, política y energética. Fueron sus ases para exponerle a la élite del mundo que México se mueve, que genera expectativas, después de tres décadas de crecimiento mediocre, de incremento significativo de la pobreza y de un déficit en materia de equidad social. Una cosa no puede regateársele: el Pacto por México (en vías de extinción): este fue un instrumento que supo utilizar para lograr lo referido en los albores de su gobierno.

Con base en las reformas aprobadas, el argumento de Peña Nieto es que México inició un proceso para superar sus rezagos. Qué bien se escuchó que la reforma educativa busca la calidad de la educación, pese a que persiste un conflicto interminable con la CNTE. Igualmente es grato escuchar las posibles bondades de una reforma financiera que permitirá el acceso al crédito para que los “agentes económicos” detonen el crecimiento que tanta falta le hace al país. Y que bien debe haberse sentido anunciar que la reforma energética abrirá el espacio de cuantiosas inversiones para impulsar el desarrollo, convertir al país en una nación más competitiva y que en un futuro (sin especificar) las facturas de luz y gas nos saldrán más baratas.

Peña Nieto subrayó la solidez de la democracia mexicana (a pesar de que los datos recientes de Latinobarómetro indican que más de la mitad de los mexicanos se encuentran decepcionados de la misma) y que el Pacto por México fue un espacio de diálogo entre opuestos
(lo que es cierto) que permitió la aprobación de las reformas enunciadas. Sin embargo, en su discurso no abordó el problema de la inseguridad y la violencia que azotan al país.

Al finalizar la presentación, vino la parte más difícil de la comparecencia: los cuestionamientos. Nunca falta alguien que hace la pregunta incómoda. El comentario esperado pero indeseado lo hizo el presidente del foro de Davos (Klaus Schwab) y debió lastimar la susceptibilidad de Peña Nieto. Le espetó: “A pesar de las buenas noticias que comparte con nosotros sobre los procesos de reforma, México aún enfrenta reportes noticiosos negativos relacionados con la seguridad de su país”.

Peña contestó que los homicidios dolosos han disminuido, hecho cierto, lo que no impide afirmar que la violencia siga desatada. Que Ciudad Juárez y Monterrey son ejemplos de una drástica baja de delitos (cierto) que se explica, en buena medida, por la profesionalización de las policías locales. Habría que añadir Tijuana. No dijo, sin embargo, que los secuestros aumentaron 32 por ciento el año pasado y que las autodefensas michoacanas son consecuencia de una gran debilidad de las instituciones políticas tanto locales como federales. Las calificó como una “respuesta genuina” al problema de inseguridad que Michoacán enfrenta y el país también.

Una frase rescatable de Peña Nieto es que para atajar la inseguridad que padecemos es necesario “combatir la impunidad”. En la medida que el Estado mexicano no emprenda una batalla frontal contra este mal, hermanado con la corrupción, los logros reformistas quedarán en una zona de incertidumbre y las inversiones, para impulsar el crecimiento, dudarán para venir a México. Combatir la impunidad y la corrupción tuvo que titularse la conferencia magistral de Peña Nieto en Davos. Habría hecho más creíble el proceso reformador que ha emprendido.

jreyna@colmex.mx