De paso

Necesaria transparencia

En muchos sentidos lo de Estados Unidos es una lección que tendría que ser un referente para México: hacer públicas las cosas indebidas, pues se podrán corregir los errores cometidos y se tendrá una confianza mayor en las disminuidas instituciones que conforman al Estado.

Benjamín Franklin (1706-1790), uno de los padres fundadores de Estados Unidos, señaló que la democracia son dos lobos y una oveja votando sobre qué se va a cenar. No obstante el obvio resultado que podría esperarse de esa sesión, la oveja tiene la libertad de impugnarlo. Esta reflexión podría complementarse con la del británico Winston Churchill (1874-1965), quien acuñó la definición de que “democracia es el menos malo de los sistemas políticos”. El punto es que en la democracia, la ciudadanía decide (aunque algunas veces mal) hacia dónde ir y con quién ir. Para que funcione es necesario un valor fundamental: la transparencia, conocer qué y cómo se desempeña la autoridad ante la ciudadanía.

La semana pasada se hizo público un informe del Senado estadunidense que exhibe las irregularidades de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) por el uso de torturas a presuntos terroristas, a raíz del atentado a las Torres Gemelas en 2001. Se utilizaron prácticas inimaginables a los presuntos culpables. En pocas palabras, esa institución, central dentro del sistema político americano, utilizó “métodos brutales” para obtener información de aquellos que fueron capturados (The New York Times, 9/XII/14).

El informe del Senado tomó cinco años en su elaboración y echó mano de 6 millones de documentos internos para hacer la evaluación correspondiente de la institución de inteligencia americana. Se puede, por ahora, conocer tan solo un resumen del informe, ya que éste tiene el carácter de “clasificado”. No obstante, su contenido revela  las indebidas e inaceptables prácticas que usó la CIA para torturar y encarcelar a todo aquel sospechoso de terrorismo. El informe da cuenta de que se usaron técnicas como privar del sueño por muchos días a los detenidos y, peor aún, algunos fueron sometidos a rutinas médicas de “hidratación rectal” que conduce a “ejercer un control total sobre el sospechoso”, entre otras.

Es indudable que la nación más poderosa del planeta fue agredida brutalmente el 9/11; como nunca antes lo fue en su historia. En su propio territorio. Solo Francisco Villa se atrevió a invadir la localidad de Columbus (Nuevo México) en 1916 como consecuencia del enojo que le causó a Villa que los estadunidenses apoyaran a Álvaro Obregón. Ni Pearl Harbor es comparable al 9/11 porque el ataque japonés tuvo lugar (7/XII/41) en una base militar lejana, ubicada en el Pacífico Sur.

El objetivo de la CIA era reunir todos los elementos de inteligencia para disminuir la probabilidad de otro atentado terrorista como el que cimbró a la nación más poderosa del orbe: los estadunidenses nunca olvidarán el desplome de las Torres Gemelas que fueron reducidas a cenizas en un abrir y cerrar de ojos, dejando además una estela de muerte. Si bien la CIA tuvo una justificación de por qué hizo así las cosas, el mismo Comité Senatorial se avergonzó al conocer los detalles del macabro informe. Se echó mano de prácticas injustificables que, de acuerdo con el Senado, “traicionaron los valores norteamericanos más preciados”. En otras palabras, se alejaron de los principios básicos que ese país promueve: los de la democracia y los derechos humanos. La posibilidad de que pudieran ocurrir otros ataques como el del 9/11 “no justifican (…) acciones impropias en nombre de la seguridad nacional” como lo asentó la senadora Feinstein, presidenta del Comité de Inteligencia del Senado. En otras palabras, el respeto a los derechos humanos tiene prioridad en una nación que se supone tiene respeto a un estado de derecho consolidado por la vía de los principios democráticos.

El informe completo del Senado no será develado en el corto plazo por razones de seguridad nacional. Sin embargo, lo que ha trascendido ha llevado a una conclusión tanto en el Congreso como del jefe del Ejecutivo de la nación vecina: asegurarse de que lo hecho por la CIA “no sucederá nunca más”. No existe razón alguna para torturar en un Estado democrático.

A todas luces, el hecho deja ver una lección de transparencia. De amarga transparencia. Es plausible que un régimen democrático asuma las responsabilidades y los errores que haya cometido. El ex presidente Bush sostuvo que la actuación de la CIA “fue humana y legal”. No obstante Obama canceló ese programa en el primer año de su gobierno (2009). En muchos sentidos es una lección que tendría que ser un referente para el México de hoy: hacer públicas las cosas indebidas, pues de las mismas se podrán corregir los errores cometidos y se tendrá una confianza mayor en las disminuidas instituciones que conforman al Estado mexicano.

jreyna@colmex.mx