De paso

México no va por el camino correcto

La guerra contra las drogas es la explicación que vulnera el régimen político y pone en entredicho nuestra democracia en el futuro. Tres estudios distintos apuntan a la misma conclusión: México no va por el camino correcto.

Tres estudios distintos indican que México no va en el camino correcto para consolidarse como país. Una encuesta (levantada a fines de marzo pasado) “confirma que la distancia entre sociedad y política tiende a aumentar”. Uno de los indicadores utilizados fue el rechazo a las instituciones relacionadas con el mundo político. Esta encuesta señala que la aprobación presidencial (en concordancia con un estudio del diario Reforma) se ha desplomado: solo 37 por ciento de los entrevistados avala a Peña Neto (coincide con el número de votos que obtuvo para alcanzar la Presidencia) y 62 por ciento dice estar descontento con la democracia que tenemos (Guillermo Valdés, MILENIO Diario, 16/IV/14). En otras palabras, tres de cada cinco mexicanos están insatisfechos con el régimen político que tenemos.

Los datos anotados sugieren que, en tanto esa brecha entre sociedad y clase política se mantenga al alza, el régimen político se acercaría a una crisis de representatividad cuyas consecuencias serían inconmensurables: legitimidad decreciente y cuestionamiento abierto de la autoridad, como ya se observa en algunas regiones del país.

Otro estudio, elaborado por el profesor Michael Porter de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, se orientó a la construcción de un Índice de Progreso Social. Al considerar a 132 naciones, México ocupa el lugar 54 (casi en la media tabla) al obtener una calificación de 6.6 sobre un máximo de 10. Nueva Zelanda, el país con mayor puntaje: casi 9 puntos. (Reforma, sección Negocios, 7/IV/14). Este trabajo de investigación desliza dos explicaciones, entre otras, para entender por qué México se rezaga en América Latina, pese a ser la segunda economía más grande de la región (después de Brasil); su tamaño no guarda correspondencia con el progreso ni con su gasto social.

Dos factores explicativos sobresalen del trabajo de Porter: el primero y tal vez el más importante es la inseguridad que vive el país. Es necesario empezar a reconocer que, pese a los esfuerzos que se despliegan para combatirla, es un mal que está erosionando los cimientos socioeconómicos y políticos del país. Invertir, de por sí un riesgo, en México se incrementa por la situación mencionada. En los últimos años, la compra de equipo militar se ha disparado. Rebasa la media que existe en América Latina y éste es uno de los factores que impiden que la economía dé el salto que impulse su crecimiento. Invertir en desarrollo social sería un detonador de la economía. Sin embargo, por ahora, la economía nacional sigue pasmada, el consumo tiende a la baja y las proyecciones de crecimiento en el mismo sentido. Baste recordar que en 2013 la economía creció 1.1 por ciento y no 3, como se esperó a principios de ese año.

En el estudio mencionado de la Universidad de Harvard se incluye también otro factor que inhibe el progreso social: el limitado acceso a la educación superior. Es bien sabido que sin una educación de calidad en la base de la pirámide educativa (primaria y secundaria) y sin una educación superior orientada a resolver problemas estructurales (ingenierías, por ejemplo), la viabilidad del país se pone en riesgo. Es necesario superar los escollos educativos en México, sobre todo en el nivel básico y medio. Pese a que se ha aprobado una reforma educativa, se observa que su instrumentación tiene enormes barreras políticas, representadas por las rémoras sindicales como lo ilustraría, tan solo por mencionar un caso, el magisterio del estado de Oaxaca.

El tercer estudio fue elaborado por la fundación alemana Bertelsmann, una organización orientada a la investigación y el desarrollo social. Con base en su pesquisa concluye que los “índices de desarrollo político en México han empeorado en los últimos años a causa de la delincuencia organizada”. (Reforma, 12/IV/14). Es en extremo preocupante que los argumentos esgrimidos para explicar la problemática enunciada sean la falta de Estado, el frágil andamiaje en que opera el sistema de justicia (o sea la aplicación de la ley) y el peligro que existe el ejercer la libertad de prensa. Como se sabe, la práctica periodística es una de las más peligrosas en el mundo. Por arriba de Siria, que está en medio de un gran conflicto.

La guerra contra las drogas, de acuerdo con la fundación Bertelsmann, es la explicación que vulnera nuestro régimen político y pone en entredicho nuestra democracia en el futuro. Tres estudios distintos que apunten a la misma conclusión: México no va por el camino correcto.

jreyna@colmex.mx