De paso

México, líder mundial en secuestros

Capella tiene la tarea de recuperar para Morelos el atractivo perdido de esa entidad por la inseguridad que impera. Si logra abatir el secuestro es probable que ese estado no sea más el líder en ese delito per cápita.

México, a escala mundial, ocupa los últimos lugares en calidad de la educación. Se distingue también como un país poco transparente en el uso de los recursos públicos por su elevado nivel de corrupción.  Por otra parte, se ha conocido, con base en los datos de una consultoría internacional (Control Risks), que nuestro país lidera a escala mundial el delito del secuestro. Supera a Venezuela, Pakistán, Siria y Colombia. No es fortuito, en consecuencia, que esta semana el titular de la Secretaría de Gobernación dé a conocer una estrategia nacional contra ese hiriente delito. De acuerdo con esta dependencia, en los primeros 11 meses de 2013, en comparación con el mismo periodo del año anterior, el incremento del ilícito fue de 32 por ciento.

El crimen organizado ha diversificado sus actividades. Ante el embate, no muy exitoso por cierto, contra el narcotráfico, ahora las bandas delincuenciales han hecho un oficio más que redituable al incursionar en las actividades del secuestro y la extorsión.  Son varias las entidades federativas que destacan en esta infame actividad. Morelos es el estado de la Federación que ostenta el privilegio de encabezar el mayor número de secuestros per cápita, aunque en términos absolutos, Tamaulipas es la entidad que corona la lista.

El secuestro es uno de los flagelos que contribuyen significativamente a que la percepción de la inseguridad se mantenga alta, a pesar de que la estrategia de información del gobierno federal sea hablar poco de la misma. Baste decir que, de acuerdo con un estudio del Inegi, dos de cada tres mexicanos mayores de 18 años considera que “vivir en su ciudad es inseguro”.

Es deseable que la estrategia que supuestamente se difundirá en estos días deje de esconder el grave problema de seguridad que el país padece y se reconozca que, pese a los esfuerzos que se hayan hecho al respecto, éstos no han fructificado como se quisiera. La inseguridad pone en riesgo la inversión externa (e interna también) que, se dice, vendrá  masivamente después de las reformas estructurales recientemente aprobadas. Está de por medio también la suerte del turismo, que es una de las fuentes de recursos más importantes de las que dispone el país. La inseguridad se ha profundizado en los últimos años y los esfuerzos gubernamentales de la actual administración no han podido abatirla, aunque se diga que los homicidios dolosos hayan sufrido alguna merma. Un artículo publicado en El Economista (2/VII/13) desliza un término preciso al respecto: “El gobierno federal invisibiliza (la) inseguridad”.

A nivel estatal, el puesto más vulnerable es ser secretario de Seguridad Pública. Ahí está el caso de Guerrero, uno de los estados más violentos y caóticos de la federación, que ha cambiado tres veces al titular de ese cargo. Lo mismo pasa en Morelos. Uno de los compromisos del gobernador de esa entidad (Graco Ramírez) fue abatir la delincuencia desatada en su estado. Más de un año después de asumir el cargo casi nada ha logrado. Por el contrario, el secuestro se ha elevado de manera significativa, para no hablar de otros delitos. El secuestro es cotidiano en Morelos.

No es fortuito que la semana pasada Graco Ramírez haya removido a su secretaria de Seguridad Pública, reemplazándola por el ex secretario del mismo ramo en Tijuana (Alberto Capella). Como se sabe, los índices delincuenciales en esa ciudad fronteriza tendieron a la baja cuando este funcionario se hizo cargo de la seguridad pública tijuanense. Se trata de un abogado, activista social en favor de la paz. Ojalá Capella tenga éxito para compensar la ineficiencia del gobernador. Tendrá un reto enorme, pues es bien sabido que una buena parte de la policía morelense tiene un bajo nivel de profesionalización y un alto nivel de corrupción. Será un desafío enorme para Capella que, yendo al extremo, tendrá que reemplazar a la mayor parte de los cuerpos policíacos que tienen fama (existe la evidencia) de corruptos. Capella, no Graco, tiene la tarea de recuperar para Morelos el atractivo perdido de esa entidad por la brutal inseguridad que ahí impera.

Si se logra abatir el secuestro en Morelos es probable que ese estado no sea más el líder de secuestros per cápita y México, además, no ocupe el primer lugar en esa ignominiosa lista.

jreyna@colmex.mx