De paso

En México se apuesta al olvido

Los actos delictivos tienen, en este país, una válvula de escape: el olvido. El tiempo, no los órganos de justicia, se encarga de solucionar los ilícitos. Los casos de la casa blanca y la de Malinalco son dos apuestas que, aunque envueltas en el escándalo, el tiempo se está encargando de diluir. Muchos personajes han depositado sus fichas en esa postura y, dado el déficit legal prevaleciente, suele convertir a los apostadores en (casi) seguros ganadores.

Lo anterior puede documentarse: el caso Cabal Peniche fue un banquero emblemático de la administración de Carlos Salinas (1988-1994). La Secretaría de Hacienda intervino, en septiembre de 1994, el Branco Unión-Cremi por presuntos malos manejos en sus operaciones, mientras que las autoridades judiciales giraron una orden de aprehensión en su contra. A finales de 1998 el sujeto fue detenido en Australia; por algo huyó. En ese momento aseguró que aportó varios millones de dólares para la campaña de Ernesto Zedillo (1994-2000). El PRI rechazó la imputación. En 2001, después de siete años fuera de México, tres jueces federales australianos confirmaron que el banquero Cabal fuera extraditado a México para responder por el cargo de fraude bancario (El Universal. 5/IX/2001).

En 2009, el banquero fue absuelto, de manera definitiva, y recuperó su patrimonio (predios y acciones) que le había incautado la Procuraduría General de la República. El tribunal que lo exoneró manifestó que "era injustificable mantenerle asegurados sus bienes. (La Jornada, 20/XI/09). Después de huir y defraudar fue exonerado y, como compensación, premiado al recuperar todos sus bienes. El olvido, en buena medida, lo exoneró. Ganó la apuesta.

El otro caso que puede aludirse es el de Jorge Díaz Serrano. Ingeniero. Al asumir la Presidencia del país, López Portillo (1976-1982) lo nombró director general de Pemex. Durante su gestión se encontraron pruebas de la existencia de vastos depósitos petrolíferos en la sonda de Campeche. Este hallazgo le permitió a López Portillo advertirle a México que teníamos que prepararnos para "administrar la abundancia". El desenlace: una crisis de incalculables dimensiones. Díaz Serrano fue el chivo expiatorio. Ya senador (1983) fue desaforado. Se le acusó de un fraude por 35 millones de dólares y permaneció enhiesto, como hombre probo, cinco años detrás de las rejas. Fue una venganza. Él no aposto al olvido: el sistema se lo impidió.

Estos dos casos, uno del ámbito privado y el otro del público, aunque se entrecruzan, son de los que pueden contarse en la historia política y judicial del México contemporáneo. Cuando llegó Fox a la Presidencia (2000-2006), su secretario de la Contraloría (Barrios) prometió encarcelar a los peces gordos. No pasó nada. Ahora, como un caso inédito se tiene bajo investigación a un pez gordo, gracias a la justicia española: Moreira iba ganando la apuesta del olvido, hasta hace 10 días. Ha sido liberado, lo que no le exime de enfrentar un juicio penal. Pero son tantos los peces gordos que deambulan por las calles mexicanas con tanto desparpajo (Deschamps, Medina, Padrés, el cónsul Herrera, el góber Marín, Ángel Aguirre Rivero, Montiel y un largo etcétera) que, pese a las acusaciones en su contra, siguen apostándole al olvido. Ojalá regrese la memoria para los que imparten justicia en nuestro país. El proceso de descomposición es profundo. El olvido es una buena apuesta, pero no puede ser la del futuro.

jreyna@colmex.mx