De paso

Futuro incierto

En la medida que no se resuelva el problema de la seguridad pública, que va de la mano con la corrupción, la viabilidad del país está en riesgo. Por eso cabe preguntarse, ¿tenemos futuro como país?

Si el grave problema de la seguridad pública no se resuelve, se convertirá en un problema de seguridad nacional. Lo que se observa es que la inseguridad tiende a generalizarse. El secuestro y la extorsión, por mencionar dos ilícitos, no se restringen tan solo al fuero común. En la medida que se expanden se arriesga la viabilidad del país. Si no hay seguridad pública, no hay inversión ni desarrollo económico y si no se tiene éste, el país está en riesgo. México vive en una coyuntura que, para decir lo menos, es desastrosa. Los indicadores para respaldar lo anterior son el miedo, los delitos de alto impacto, la impunidad y la zozobra de la sociedad. Son muchas las zonas del país que viven bajo estas circunstancias. Si se le añade a lo anterior una economía casi en recesión, el panorama es sombrío.

La violencia que  hace unos años azotaba el norte (Baja California, Chihuahua y Tamaulipas, por ejemplo) migró al centro del país, aunque en esas entidades norteñas el problema no se ha extirpado del todo; tan solo ha disminuido. La seguridad pública tiende a federalizarse porque la autoridad estatal, en general, es en extremo deficiente e ineficiente. Se deduce que los gobiernos estatales no han podido superar el embate de una delincuencia, organizada o no, que pone en riesgo la viabilidad del país. Por eso la pregunta: ¿tenemos futuro como país bajo las circunstancias actuales?

Las fuerzas armadas, la Marina y el Ejército, son las instituciones más confiables para mantener, dentro de márgenes razonables, la seguridad pública. Los últimos golpes a la delincuencia, algunos de ellos espectaculares como la detención de El Chapo Guzmán o el abatimiento de Nazario Moreno, no pasó por las arterias estatales: los operativos corrieron por cuenta de la Federación. Esto demuestra que los cuerpos policíacos de los estados se encuentran, en general, lejos de los mínimos requeridos de profesionalismo y capacitación. Puede decirse que, en muchos casos, son improvisados. Sirvan de ejemplo los estados de México y Morelos. De ser así, la coyuntura violenta en la que se encuentra inmerso el país, tiene nutrientes que provienen de la inexistencia de una fuerza estatal o municipal que pueda hacerse cargo de una seguridad que, pese a los esfuerzos que se hacen, está envuelta en la fragilidad.

Se tiene la percepción de que el Estado mexicano no garantiza la seguridad de su sociedad. Sin querer sugerir una correlación entre seguridad y tipo de régimen político, puede deslizarse la idea de que la alternancia política contribuyó a deteriorar más las ya débiles estructuras de autoridad del país. Estas se hicieron más ineficientes de lo que eran y permitieron, en consecuencia la expansión casi ilimitada de las actividades delincuenciales inscritas tanto en la delincuencia organizada como en la común y corriente. Las estructuras de poder siguieron infiltradas (poco se hizo al respecto) y este es uno de los más grandes problemas que tendrá que solucionarse para poder empezar a poner orden en el desorden que se vive en la actualidad.

Que no haya un nivel de seguridad pública razonable en el México de hoy tiene que ver con la corrupción. Todavía estamos a la espera de la instalación de esa comisión para combatir ese flagelo. Han pasado 16 meses desde que la promesa correspondiente fue hecha pública por la administración presidencial actual y no hay visos para que se establezca. Su instauración es urgente ya que no hay semana que no tengamos un nuevo escándalo de corrupción, que opaca el ilícito anterior. Pasa el tiempo y esos casos se archivan para esperar al que sigue; la impunidad desatada.

Así como se ha instituido una Comisión Nacional contra el Secuestro, es urgente echar a andar una contra la corrupción. No hacerlo significa que uno de los flancos más vulnerables por los que puede verse afectada la seguridad pública no ha quedado cubierto y poco valor tendrá el logro de operativos exitosos que la Federación ha hecho y los que tiene pendiente por hacer.

Disminuir la percepción de inseguridad, de desprotección, tiene que ver con el fortalecimiento de las instituciones, especialmente aquellas que cumplen con la función de salvaguardar la sociedad. En la medida que este objetivo se incumpla, no se encontrarán soluciones efectivas aunque se multiplique el número de efectivos militares en cualquier zona del país, y se capturen tantos capos como uno quiera imaginar. En la medida que no se resuelva el problema de la seguridad pública, que va de la mano con la corrupción, la viabilidad del país está en riesgo. Por eso cabe preguntarse, ¿tenemos futuro como país?

jreyna@colmex.mx