De paso

Feliz salario mínimo 2014

La segunda semana de diciembre se conocieron los nuevos salarios mínimos que regirán en el país, de acuerdo con las dos zonas geográficas delimitadas por la Comisión Nacional correspondiente. El aumento es “generoso”: 3.9 por ciento, ligeramente por encima de la inflación que se estima en 3.5 por ciento. Eso significa que el salario mínimo, a partir de 2014, aumentará alrededor de 2.60 pesos diarios, lo que equivale más o menos a la mitad de lo que cuesta el boleto del Metro (5 pesos). Las diversas notas periodísticas al respecto reportaron que, “por unanimidad”, los representantes de los trabajadores, los empleadores y el gobierno federal estuvieron de acuerdo en ese aumento que, sin duda, “resarcirá” el poder adquisitivo de los trabajadores. De acuerdo con el trillado argumento de siempre, la medida será un freno para mantener la inflación bajo control: sin comentarios.

Sería engañoso afirmar que el salario mínimo que gana un trabajador le permite mantener a una familia. Diversos estudios empíricos demuestran que son varios los salarios mínimos que, sumados, permiten  La  sobrevivencia de los marginados, (Larissa Lomnitz, Siglo XXI, 1974). Los hallazgos de esa investigación demuestran que se desarrolla una red de relaciones sociales que permite paliar la adversidad que les impone la pobreza: hay rasgos de solidaridad. A duras penas un trabajador podría sobrevivir con esa cantidad (mil 700 pesos mensuales) y el problema logra atemperarse al juntar dos o tres salarios: cinco mil pesos mensuales, en el mejor de los casos.

Que se haya decidido ese aumento al salario mínimo indica la mezquindad con la que es tratado un trabajador en México. En comparación con otros países, nuestros trabajadores están por debajo de los raquíticos salarios mínimos de países como Guatemala o El Salvador y muy por debajo de los que se pagan en Chile o Brasil. Muchos mexicanos laboran ochos horas diarias por esa paupérrima paga. Limpian baños, barren, comen mal, pero no les queda más que aguantar esas ocho horas de suplicio. Esta ignominiosa situación refleja la inmensa desigualdad que impera en México y explica, además, por qué nuestro país es el único dentro de la región latinoamericana que experimenta un aumento del número de pobres en cualquiera de sus modalidades. Además, los asalariados mexicanos son los que más trabajan y los que ganan menos.

Los contrastes mexicanos generalmente conducen al absurdo. Téngase como ejemplo el suculento aguinaldo que tendrá el gobernador del Banco de México. Ya no importa cuánto devenga salarialmente al mes, sino que por el hecho de ostentar el puesto que ocupa recibirá un aguinaldo cercano a 900 mil pesos. Si se hace un cálculo, recibirá alrededor de 350 mil veces el aumento del salario mínimo. No se cuestiona el profesionalismo de la cabeza del Banco Central. Se señala la incongruencia, la desigualdad y las inconsistencias que nos caracterizan como país. Se insiste que se combatirá la desigualdad por todos los medios y se hace nada al respecto.

Peña Nieto pretende renovar la forma de hacer política en el país. Dejar atrás los convencionalismos. Por eso la propuesta de diversas reformas que saltan por doquier, pero ninguna ha estado diseñada, hasta ahora, para combatir frontalmente la desigualdad y la pobreza; hasta ahora solo hay retórica. Sostiene Peña que la reforma energética hará de nuestro país uno que verá reducidos los costos de la energía: combustibles y electricidad. Sin embargo, los pobres ahí siguen y, por desgracia, reproduciéndose. La Cruzada contra el Hambre ha pasado de propuesta presidencial a programa burocrático. ¿Dónde se ha reportado, después de más de un año de gobierno, un avance significativo contra el peor de los males de una sociedad, que es el hambre? Hasta donde los medios informan, en ninguna localidad. Por eso la cabeza de la Secretaría de Desarrollo Social tiene una de las peores evaluaciones dentro del gabinete priista, de acuerdo con una reciente encuesta de Reforma publicada a principios de este mes.

El salario mínimo es un referente del trato que se le da a un trabajador. Indica cómo un régimen político, que se declara en favor del desarrollo del país, que reforma sin ton ni son, incrementa el pago a los trabajadores de salario mínimo en tan solo 2.60 pesos diarios más. Reformas como la energética, que potencialmente llevan en su entraña el conflicto y afrentas como un “aumento salarial” del monto decidido, no auguran un buen futuro para el país. Pero, como estamos en fiestas de fin de año, no queda más que decir feliz salario mínimo 2014.

jreyna@colmex.mx