De paso

'Escucha, yanqui'/I

Ese es el título de un gran libro, publicado en 1960 por el sociólogo estadunidense C. Wright Mills (Listen, yanqui, Nueva York, McGraw Hill Book Co.) con la intención de llamar la atención del gobierno de su país sobre la Revolución cubana y, sobre todo, de la opinión pública americana que, en general, ignoraba ese movimiento. El Fondo de Cultura Económica (FCE) lo publicó al año siguiente y se volvió un best seller. En el verano de ese año, Mills (1916-1962) no había estado en Cuba ni "había pensado mucho en ella". Empezó a familiarizarse con los sucesos de la isla durante una estancia académica en la primavera del 60 en la UNAM. Uno de los temas predominantes, en los pasillos y en las aulas de esa institución, era precisamente la Revolución cubana. Al principio del verano de ese año, ese acucioso investigador, pese a su juventud, ya contaba con una obra sólida que fue su pase de entrada para entrevistar a los protagonistas principales de ese movimiento político. Tuvo largas discusiones con Fidel Castro y el Che Guevara, entre otros. De ahí salió el Escucha, yanqui.

En 1959, Mills había publicado La imaginación sociológica (publicado por el FCE también) y su argumentación ponía en entredicho la forma de hacer sociología en Norteamérica. Cuestionó a Parsons, a Lazarsfeld, a Merton, con argumentos académicos que, por decir lo menos, abrieron un gran debate académico en Estados Unidos y en América Latina. No es fortuito que ese libro sea considerado, en la actualidad, uno de los tres más influyentes en el quehacer de la ciencia social en el mundo, solo superado por la obra del alemán Max Weber.

Sirva de base lo anterior para decir que Escucha, yanqui tuvo la intención de hacer notorio a la sociedad estadunidense lo que pasaba en Cuba. Mills descubrió que uno de los ingredientes de la historia de Cuba fue siempre muy ríspido con la de Estados Unidos (1898). Sirva de ejemplo la base de Guantánamo, propiedad americana desde 1903.

Por eso se propuso, dada la nueva etapa cubana, que la voz de ese país tenía que ser escuchada, a 90 millas de su territorio. Su trabajo, tal vez de un corte más activista que académico, tenía el objetivo de que Cuba fuera escuchada por sus compatriotas. Lo cito: "Si no los escuchamos, si no le prestamos toda nuestra atención, nos exponemos a todos los peligros de nuestra ignorancia y (...) a errores desastrosos".

En octubre de 1960, el presidente Eisenhower decretó el embargo económico contra Cuba. No era tolerable tener un sistema comunista a unos cuantos pasos de su territorio. La guerra fría se encargó de disolver las relaciones diplomáticas. Su sucesor, Kennedy, intentó invadir la isla (Bahía de Cochinos, 1961) sin éxito alguno y la presión que el gobierno estadunidense puso sobre el nuevo gobierno cubano permitió a la Unión Soviética hacer de Cuba su "aliado" natural. Ese era uno de los temores de Mills. Que la revolución se radicalizara y quedara dentro de la órbita comunista. Desde esa perspectiva, Mills vaticinó que por estas razones, el grupo de revolucionarios convirtieran su gobierno en una tiranía dictatorial. No erró en el pronóstico.

Han pasado más de cinco décadas de la publicación de Escucha, yanqui. El gobierno del presidente Obama ha emprendido un conjunto de iniciativas diplomáticas inéditas, y en mi opinión plausible, que podría redefinir la geopolítica de América Latina. Para Cuba significa entrar en otro mundo. Esto será el tema de la semana entrante.

jreyna@colmex.mx