De paso

Escepticismo democrático

Ha pasado más de un siglo desde que Porfirio Díaz le expresó al periodista estadunidense James Creelman que México estaba apto para la democracia. Ésta ha llegado a cuenta gotas y lejos está todavía de alcanzar su madurez. El informe reciente de Latinobarómetro 2013 muestra que no hay pasos significativos hacia adelante. Por el contrario, hay retrocesos en el ánimo de la ciudadanía. De acuerdo con los datos de ese estudio, en México se perdió 12 por ciento de apoyo a la democracia en 2013, teniendo como referente el promedio comprendido entre 1995 y 2013. En el primer año referido, antes de la alternancia, 49 por ciento apoyaba tener un régimen democrático; 18 años después, la cifra cayó a 37 por ciento, cuando el promedio latinoamericano (18 países) es de 56 por ciento. México es el país que ocupa el último lugar en este indicador, por debajo de Guatemala y Honduras.

Desde que se hizo público (principios de este mes), el informe antes mencionado ha sido objeto de atención, pues los datos que aporta son importantes y desalentadores. A. Moreno (Enfoque, 10/XI/13) centra su explicación en dos factores: la desigualdad social y la percepción acerca de la inseguridad. Podría añadirse un factor adicional, que no hay las condiciones para construir una verdadera ciudadanía, la que sería una condición necesaria para un régimen democrático. Otro analista (E. Huchim, Reforma, 8/XI/13) añade otro factor: la “casi recesión económica que causa hornadas de desempleados”. La mexicana es una “democracia enferma”.

La violencia, la delincuencia organizada, la corrupción, la insatisfacción con la marcha de la economía y la educación deficitaria (México es un país con 9 años de escolaridad) están asociadas con el escepticismo democrático. Puede afirmarse que entre mayor sea la percepción de un mal desempeño de la economía menor será el apoyo democrático. Puede sostenerse también que entre mayor sea el nivel educacional mayor será el apoyo a la democracia. En México la educación es cara y mala.

México tiene una democracia que no convence. Tan es así que nuestro país encabeza a las 18 naciones latinoamericanas consideradas en Latinobarómetro en cuanto a que ésta puede funcionar sin partidos políticos. El promedio latinoamericano es de 31 por ciento y en México la cifra se eleva a 48 por ciento. Sorprende también que México encabece la lista en relación con la posibilidad de que puede haber democracia sin representantes populares, esto es sin el Congreso. En América Latina el promedio en este rubro es de 27 por ciento mientras que en nuestro país la cifra sube a 38 por ciento.

Tomando en cuenta estos dos últimos indicadores puede desprenderse la conclusión siguiente: los ciudadanos mexicanos tienen dudas sobre los partidos políticos y de los legisladores que emanan de éstos. Otros estudios han mostrado que los partidos políticos obtienen una pobre calificación, por abajo de los cuerpos policíacos. Se ha demostrado también que la representación popular, estrictamente hablando, que implica atender los intereses específicos de sus representados no existe. El divorcio entre la “representación” y la ciudadanía es un factor que acentúa el desencanto democrático en el que está sumido el país.

De los 17 informes anuales que ha elaborado Latinobarómetro, el de 2013 es uno de los más desalentadores porque está señalando con claridad problemas que en el discurso político cotidiano y en el quehacer gubernamental están ignorados. Los datos envían un claro mensaje de que algo está funcionado mal y que es mejor poner atención para hacer las correcciones y modificaciones que no hagan que la sociedad empiece a añorar un sistema político autoritario.

La segunda alternancia que ha tenido lugar en México no está dando los resultados que pudieran haberse esperado. Pese a que la docena de años panistas fueron poco aceptables, la población apoyó más a la democracia. El retorno del PRI al poder, al menos en su primer año de gobierno, está por debajo de dos sexenios que poco contribuyeron al desarrollo económico y a afianzar el régimen democrático. La estructura social mexicana, como se apuntaba, es muy desigual y este factor junto con un número de pobres tan alto son obstáculos que contribuyen de manera significativa a un desencanto generalizado. Es necesario corregir el rumbo, construir certidumbres que conduzcan al país por un sendero en que se crea en el progreso del país para desterrar el escepticismo democrático.

jreyna@colmex.mx