De paso

Cifras politizadas: el Inegi 'vs.' el Coneval

El Inegi y el Coneval son dos instituciones prestigiosas. La primera es una fuente de información indispensable para conocer la situación del país. La segunda se orienta hacia la evaluación de la política social en general y la medición de la pobreza en particular. En estos días, sin embargo, un desacuerdo afloró entre esos dos organismos, lo que pone en juego la credibilidad de su información. Las diferencias son tales que la Comisión Permanente ha decidido citar a sus titulares para que comparezcan y expliquen por qué se ha llegado a una disputa, aparentemente politizada, de cifras.

Desafortunadamente esa "pugna" se da en una coyuntura que se distingue por la escasa credibilidad de las instituciones públicas. El Coneval arguye que el Inegi cambió la forma (metodología) para medir la pobreza. Para sostener lo anterior, el Coneval pone en duda que el ingreso de los hogares más pobres haya crecido, en un solo año, 33 por ciento cuando la misma institución informó que entre 2012 y 2014 el número de pobres creció de 53.3 a 55.3 millones.

En efecto, el Inegi modificó su método para captar la información al respecto. Su justificación es que en algunos hogares más pobres declaraban menos ingresos. Es probable que fuera así, aunque los pobres suelen no tener fuentes alternas, como lo supuso el Inegi, para sobrevivir. Es probable también que los indicadores, supuestamente orientados a captar con mayor precisión el ingreso real de las familias pobres, fueran diseñados "a modo": una conjetura que se generaliza.

De ser así, las implicaciones son graves. Por una parte, las "nuevas" cifras no son comparables con las anteriores, por lo que se crea una especie de incógnita sobre la magnitud real del problema de la pobreza. Si fuera así, la asistencia a los más necesitados podría haberse reducido con las consecuencias correspondientes. Por otra parte, en un momento en que el gobierno federal intenta relanzar una campaña en búsqueda de credibilidad (pedir perdón) y demostrar su eficiencia de diversas acciones, las "nuevas" cifras apuntarían a afirmar que el combate a la pobreza va por el camino correcto. Esto, de ser así, sería grave: maquillar la realidad y ocultar sus problemas no sería una solución; sería un desastre.

La evidencia disponible sugiere que la pobreza no cede, a pesar de los recursos que se destinan para mitigarla. Pero dar la impresión de que los programas correspondientes se están moviendo en la dirección correcta (sin estarlo) en aras de construir, por ejemplo, una plataforma electoral para el año entrante (en la que se disputa, entre otras entidades, el Estado de México y sus 16 millones de habitantes), sería más que lamentable.

Un país sin la información precisa es un país a la deriva. Manipular las cifras conduciría al agravamiento de los problemas al dejarlos sin la solución pertinente. Por ello se hace necesario que se revisen los planteamientos de dos de las instituciones más importantes (y sólidas) que generan información confiable y, con ella, el diseño de las políticas públicas correspondientes.

México tiene un buen historial en el manejo de información estadística. Hoy por hoy, sin embargo, dos instituciones renombradas se encuentran en pugna. Lo mejor es zanjar el diferendo para tener mejores resultados y no darle la vuelta a una realidad, como la nuestra, que requiere de mucho esfuerzo para hacerla mejor. La politización de las cifras es el peor de los caminos.

jreyna@colmex.mx