De paso

El Distrito Federal, zona de alto riesgo

La zona del DF que colinda con el Estado de México se ha convertido en una zona violenta: las ejecuciones se han incrementado en los últimos meses y esto sin duda tiene un efecto dentro de los linderos capitalinos.

El país está lleno de focos rojos asociados con la violencia y la inseguridad. La capital del país no es excepción. De acuerdo con una encuesta del diario El Universal (10-III-14), 64 por ciento de los encuestados en la capital considera que en el lugar donde vive ha aumentado la inseguridad. Hasta febrero pasado (cuando se hizo este estudio), 44 por ciento de los encuestados sufrió algún delito y 63 por ciento de los afectados no presentó denuncia alguna. Los datos pueden interpretarse como una percepción de que la autoridad capitalina no hace lo suficiente para resolver tan grave problema. Es ineficiente. Lejos quedó aquella ciudad idílica en la que cualquiera salía sin miedo a toda hora del día. Ahora el miedo se ha vuelto un ingrediente de la vida cotidiana capitalina.

La zona oriental del DF, la que colinda con el Estado de México, se ha convertido en una zona en alto grado violenta: los asesinatos se han incrementado en los últimos meses y esto sin duda tiene un efecto dentro de los linderos capitalinos. Las autoridades niegan algo que preocupa enormemente a la población y que puede salirse de control de no actuar en consecuencia: la presencia de la delincuencia organizada.

El jefe de Gobierno y el procurador defeños insisten una vez sí y la otra también en que en la capital operan solo narcomenudistas. Las bandas organizadas (cárteles) se desechan como un factor explicativo de la percepción de inseguridad mencionado líneas arriba. Sin embargo, yendo a los datos: ¿cómo explicar que tres presuntos delincuentes carguen casi 5 millones de dólares en efectivo, un millón de pesos y 10 kilos de cocaína en la delegación de Coyoacán? La explicación más plausible es la que no se reconoce: la delincuencia organizada se ha asentado en la ciudad capital.

No aceptar esta realidad es darle la vuelta a un problema que seguirá creciendo con las consecuencias correspondientes que se observan en tantas otras zonas del país. No atajar el problema de inmediato es dejar a la Ciudad de México inerme ante la delincuencia organizada. Se ha reiterado que la capital se blindará del efectocucaracha que viene no solo del Estado de México, sino del de Morelos, que es un nido de violencia y de inseguridad: en esta entidad, el gobierno local ha sido rebasado plenamente por el hampa.

Volviendo a la capital, cabe preguntarse si ya pasaron al olvido los desaparecidos y ejecutados, el año pasado, en el Bar Heaven. Víctimas que fueron levantadas en céntrico lugar de la capital como es la Zona Rosa. La versión que se tiene es que todo empezó con una ejecución en un antro en la colonia Condesa de la capital. Los siniestros hechos posteriores tienen, sin duda, un vínculo con la delincuencia organizada. Las autoridades capitalinas, sin embargo, no quieren aceptar esta hipótesis. Ocultar los hechos es la fórmula menos deseable para aclararlos y, sobre todo, para enfrentarlos.

Uno de los presuntos delincuentes detenidos en Coyoacán se desempeñaba en la propia Procuraduría capitalina. Si bien detentaba un cargo menor (en Iztapalapa, delegación cuya frontera se encuentra en una conflictiva zona del Estado de México), el procurador capitalino “deslindó” al detenido de cualquier vínculo con la institución que encabeza. El funcionario declaró que cuando fue aprehendido con esa cuantiosa cantidad de dinero y droga, “no estaba en horas de trabajo”. ¿Es esa una explicación que se merece la ciudadanía de la capital? ¿Era necesario el deslinde? Al final de cuentas es un presunto delincuente, independientemente de su lugar de trabajo o de si estaba o no en horas laborables.

La detención del ahora ex empleado del gobierno de la ciudad fue hecha por la Policía Federal, lo que insinúa que la autoridad capitalina no está cumpliendo a cabalidad su función en la jurisdicción que le corresponde. Los detenidos en Coyoacán por elementos federales señalan que las corporaciones de seguridad de la Ciudad de México no están cumpliendo su función, lo que se asociaría con la inseguridad que aqueja a la capital.

Si nos atenemos a los hechos, el gobierno de la capital deja mucho que desear. Otro dato: en el país el robo de automóviles se redujo durante el último año en 5.9 por ciento. En la capital, el ilícito creció 2 por ciento en el mismo lapso. La fragilidad con la que se desempeña la autoridad capitalina, empezando por el jefe de Gobierno, permite afirmar que el Distrito Federal, al paso del tiempo, se está convirtiendo en una zona de alto riesgo.

jreyna@colmex.mx