De paso

Crecer con déficit

Pedir prestado para financiar las reformas que son más bien una apuesta a futuro. La experiencia mexicana sugiere que el endeudamiento no ha sido un instrumento eficaz para promover el crecimiento. Por el contrario, se ha traducido en desastres.

Se dice que no hay que gastar más de lo que se tiene. Este es el principio económico más simple para administrar una familia, una empresa, una nación. Si se viola la regla, puede caerse en bancarrota. La administración presidencial actual pretende gastar 4.67 billones de pesos para el año que viene: 4 millones de millones más, el pilón, 670 mil millones de pesos. La iniciativa de presupuesto más alta en la historia de este país. Rebasa el monto de 2014 y de 2013. Pese a tan cuantiosos presupuestos, el país sigue atorado en un marasmo económico que resulta insuficiente para satisfacer las demandas de un país cuyo nivel de pobreza no cede, pese a las cuantiosas inversiones que se hacen para combatirla.

Si México tiene un PIB de poco más de 16 billones de pesos (16 millones de millones de pesos), quiere decir que casi uno de cada cuatro pesos que integran la riqueza nacional será gastado en aras de promover el crecimiento económico. Para hacerlo, dependerá de dos factores: la recaudación tributaria que, como se sabe, no es muy eficiente, aunque haya mejorado en los últimos tiempos. Queda otra salida: endeudarse. Pedir prestado para financiar las reformas que son más bien una apuesta a futuro. La experiencia mexicana (Echeverría, López Portillo, por ejemplo) sugiere que el endeudamiento no ha sido un instrumento eficaz para promover el crecimiento. Por el contrario, se ha traducido en desastres.

Si se piensa como familia, endeudarse implica pensarlo más de una vez. Muchas lo hacen. A muchas les va mal; pierden todo. Un país, como el nuestro, que pese a la retórica de las reformas estructurales aprobadas no tiene asegurado todavía los mecanismos que disparen el crecimiento: un riesgo que hay que medir con cuidado. El problema es que no somos del todo autosuficientes. Se depende de diversas variables externas: la dinámica económica estadunidense, por ejemplo.

Endeudarse, con solvencia, es tener un patrimonio futuro relativamente bien asegurado. Una familia podrá pedir prestado en la medida que sus ingresos futuros sean suficientes para satisfacer las necesidades actuales y, a la vez, resarcir las obligaciones adquiridas. Sin embargo, el proyecto de presupuesto de 2015 supone que México, en el mejor de los casos, crecerá a 3.7 por ciento. Para ello, la administración presidencial actual asumirá un déficit que alcanzará 1 por ciento de su PIB para el año que entra, sin incluir las inversiones en Pemex y CFE. Si bien es menor que el de este año, que alcanzó 1.5 por ciento, la suma de déficits resulta preocupante. No se ha crecido como se esperaba y el país se ha endeudado más de lo que debería.

Se tiene la impresión de que el gobierno mexicano se está jugando un albur. Las reformas estructurales, tan ensalzadas por la administración presidencial actual, tienen una simbiosis en el presupuesto enviado al Congreso para el año próximo. Sin embargo, las reformas no traen todavía el caudal de inversiones que se supone vendrán a raíz de su aprobación. En cambio, el endeudamiento para hacerlas posible se está gestando en la iniciativa presupuestal que habrá de procesarse, y en su caso aprobarse, en el actual periodo de sesiones del Congreso. La apuesta, sin embargo, luce arriesgada, sobre todo cuando el gobierno se ha comprometido a no elevar los impuestos durante el resto del sexenio.

El año entrante será de elecciones intermedias. No es fortuito que se le dé al Instituto Nacional Electoral un incremento presupuestal, en comparación con 2014, de 57 por ciento (18.5 mil millones de pesos). Tampoco es fortuito que la Sedesol, ahora promoviendo el programa Prospera, ha tenido un aumento en sus emolumentos de 5.2 por ciento: dispondrá de 117 mil millones de pesos (MILENIO Diario, 7/IX/14).

Es probable que los funcionarios económicos del gobierno federal apuesten a que el crecimiento económico del país dependa del déficit (la deuda) para superar el largo letargo económico que México ha vivido por más de tres décadas. Sin embargo, de no resultarles, la credibilidad económica del país se vendrá abajo. El presupuesto del año entrante y su ejercicio será un factor definitorio para saber el rumbo en el que vamos y si éste es correcto o no. En mi opinión, yo sería más conservador: la deuda por regla no es la mejor de las herramientas ni en la familia ni en el país. Esperemos con paciencia los resultados.

jreyna@colmex.mx