De paso

Autismo económico

Se insiste en que el país marcha por el camino correcto, a pesar de que se recortó el gasto público y el crecimiento será menor al previsto. La visión gubernamental está divorciada de la realidad que nos envuelve.

El presidente Peña Nieto y su secretario de Hacienda coinciden en que la economía mexicana nacional va por buen camino. El jefe del Ejecutivo sostiene que “la economía mantiene su dinamismo, mientras que el encargado de los dineros públicos afirma que México es el país que tiene el mejor desempeño entre los integrantes de la OCDE (MILENIO Diario, 22/V/15). Ante este desplante de optimismo, el Banco de México ofreció un dato que no avala el entusiasmo mencionado. Esta institución recortó, la semana pasada, su previsión de crecimiento económico para este año. De una estimación inicial que oscilaba entre 2.5 y 3.5 por ciento, la nueva cifra fluctuará entre 2 y 3. El Banxico, además, extendió su pronóstico para 2016: el crecimiento será también menor al previsto: se estimó que la economía tendrá un desempeño que variará entre 2 y 3 por ciento, un punto porcentual menor al originalmente estimado. Dadas estas posturas, se tiene la impresión de que la administración presidencial padece de autismo económico: un ilusionismo divorciado de la realidad.

A partir de los años 80, México entró en un bache económico del que no puede salir: el crecimiento económico de los últimos 35 años es, en promedio, de 2.4 por ciento anual. Sobra decir que es una expansión insuficiente; explica por qué el ingreso por habitante ha crecido tan poco, lo que se apareja con el debilitamiento creciente del mercado interno. Nuestro país sigue siendo un país poblado por muchos pobres y los estudios correspondientes señalan que la situación de pobreza, en la últimas décadas, no ha mejorado pese a las cuantiosas inversiones que se hacen para paliar problema tan profundo.

Hay un fuerte optimismo gubernamental, que tal vez sea necesario para mantener una expectativa positiva de la trayectoria del país: crear una ilusión óptica. Hay explicaciones para hacernos entender que la situación puede ser tan solo coyuntural, pero no menos crítica. Una de ellas es que “hubo una pérdida de dinamismo de la demanda externa como consecuencia de la desaceleración de la actividad en Estados Unidos”. Esto es: seguimos dependiendo de una economía externa. Otra es que la disminución de la producción petrolera (en 2004 se producían 3.4 millones de barriles diarios y en 2015 solo 2.3) junto con el desplome del precio de los hidrocarburos. (El Economista, 21/V/15).

El secretario de Economía afirma que 2015 será un mejor año que 2014 cuando se creció a un ritmo de 2.1 por ciento. Es probable que este año el país crezca medio punto porcentual más. En términos numéricos, en efecto, este año será mejor que el pasado pero en términos de las necesidades de una población, la situación seguirá siendo la misma: mala.

Vale señalar que México ha recibido este año un monto importante de inversión extranjera, sobre todo en el ramo automotriz. Sin embargo, eso no significa que todo esté resuelto: la violencia y la inseguridad siguen rondando a las variables económicas que la administración presidencial actual tiende a soslayar como negativas para el crecimiento. El presidente Peña Nieto insiste que el país marcha por el camino correcto, a pesar de que se recortó el gasto público y el crecimiento será menor al previsto al inicio del año. Se tiene la impresión que la visión gubernamental está divorciada de la realidad que nos envuelve. El gobierno no tiene la capacidad de ponerse en el lugar de la sociedad (empatía) porque el autismo económico y gubernamental es profundo.

jreyna@colmex.mx