El santo oficio

El pistolero

El cartujo mira con preocupación las elecciones en Estados Unidos y reza por el triunfo de Hillary Clinton el próximo martes, aunque, en realidad, más le inquieta la imparable violencia en México, en medio de la cual el senador panista Jorge Luis Preciado ha propuesto legalizar la posesión y portación de armas en casas, negocios y automóviles, como una manera de enfrentar a los delincuentes, subrayando de paso la existencia de un Estado fallido.

Desde hace semanas la iniciativa revolotea en los medios y las redes sociales, provocando críticas y adhesiones. En una entrevista con Fernando del Collado, publicada el 30 de octubre en MILENIO, Preciado responde, entre muchas otras, las siguientes preguntas:

¿En verdad quiere que le vaya bien al país?

Sí, le tiene que ir bien.

¿Armándonos todos?

¡Pues armando a la gente buena!

¿Usted qué armas tiene?

Yo no tengo armas más que la razón.

Como Ricardo Anaya, presidente nacional del PAN, Preciado contesta con rapidez. No tiene dudas y eso es lo peligroso en un hombre como él, con un doble discurso y una moral tan elástica como las cuerdas del bungee. Durante su campaña a la gubernatura de Colima salieron a relucir sus viajes en jets privados, su inexplicable riqueza, sus amores clandestinos, mientras sus declaraciones apuntaban a la defensa de la familia y en contra del aborto.

¿De dónde salió la fortuna de Preciado? ¿De dónde la de Anaya? Por ahora son interrogaciones abiertas. Tal vez tengan un origen lícito, solo Dios lo sabe. Se sabe en cambio del riesgo de la iniciativa del senador colimense en un país donde —como diría Peña Nieto— el mal humor crece y todos, en algún momento, nos tornamos violentos.

En su conversación con Del Collado, el político reitera: quiere armar a la gente buena, decente. Pero la gente buena también se enoja, y una simple discusión vecinal o un accidente de tránsito puede terminar a tiros, aunque después los protagonistas lloren, se arrepientan y maldigan a quien los alentó a empistolarse. Lo mismo sucede en las casas, donde niños han muerto al jugar con las armas de fuego de sus padres o donde pleitos conyugales terminan en tragedia. Por otra parte, ¿de veras un ciudadano común y corriente podría ponerse a los balazos con profesionales sin escrúpulos? La experiencia internacional da una respuesta negativa. El senador panista dice lo contrario: para él las pistolas son parte de la solución a los problemas de inseguridad y violencia. Pobre hombre: podrá tener mucho dinero, pero no “las armas de la razón” de las cuales presume.

LA NUEVA GENERACIÓN

Ricardo Anaya y Preciado son parte de la nueva generación del PAN, como lo son también, entre otros, Rafael Moreno Valle y Guillermo Padrés, quien recientemente fungió como coordinador electoral de Antonio Gali al gobierno de Puebla. Lo cuatro son millonarios. Dos de ellos, Anaya y Moreno Valle, aspiran a la Presidencia de la República, aunque en el caso del líder de Acción Nacional sea de manera embozada. Padrés anda de fuga y Preciado jugando a Billy the Kid. Buenos muchachos, no cabe duda.

En el libro Acción Nacional, voces de la democracia (APP, 2011), al preguntarle a Bernardo Bátiz, quien durante 27 años militó en el PAN, cómo veía actualmente a ese partido, respondió: “Yo lo veo, primero, muy exitoso con las mismas formas de hacer política que combatió el viejo PAN por décadas: compra del voto, haciendo publicidad más que convenciendo, regalando despensas, regalando otras cosas, invitando a comidas a los vecinos. Hace todo lo que había criticado al PRI”.

Y otro ex panista ilustre, Jesús González Schmal, señala: “(El PAN de ahora) es un partido sin sustento: no postula principios humanistas de justicia social; tiene postulados neoliberales e individualistas”.

Imposible no darles la razón después de ver cómo se conducen Anaya y sus amigos, con Preciado como bravucón de barriada y sin ningún respeto por los ideales originales del PAN.

LA MUERTE TIENE PERMISO

En una Unidad Habitacional del Frente Francisco Villa en Iztapalapa, al cofrade se le ponen los pelos de punta cuando descubre el amenazador letrero pintado en una barda: “Ratero, si te agarramos te vamos a linchar”. Así, sin matices. Ojalá no capturen a nadie para no incrementar el número de ajusticiamientos en el país: 63 en el año, de acuerdo con una investigación del Diario de Juárez.

El Vengador de La Marquesa se volvió famoso súbitamente. La madrugada del 31 de octubre mató a cuatro asaltantes de un autobús de pasajeros del Estado de México. Nadie sabe quién es pero no faltan quienes lo consideran un héroe. Sería terrible si cundiera su ejemplo y más ciudadanos “decentes” tomaran la justicia en sus manos, como lo han hecho los linchadores desde hace tanto tiempo.

México no necesita más muertes, sino una justicia más eficaz y expedita, un fortalecimiento del Estado de derecho, esto debería saberlo, y trabajar para lograrlo, un legislador como Jorge Luis Preciado, en vez de andar lanzando iniciativas canallas de la ultraderecha, de la cual tanto se ocupó Manuel Buendía, quien en su juventud fue panista y conoció las entrañas de un partido tan distinto al actual: pragmático, frívolo, irresponsable. Los calificativos no son del fraile sino de Hugo Gutiérrez Vega, quien militó en el PAN de 1949 a 1963 y fue uno de sus más destacados líderes juveniles.

Queridos cinco lectores, con una jaculatoria por el triunfo de Hillary, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.