El santo oficio

El silencio y la memoria

El cartujo vuelve a George Steiner, su palabra lo ilumina y desmiente, una vez más, los dogmas de la reforma educativa sobre la memoria. Una entrevista con Borja Hermoso para el periódico El País, publicada en julio de 2016, muestra su tenacidad para conservar la lucidez y sus juicios implacables contra las nuevas tendencias de la educación en el mundo.

El autor de Nostalgia del absoluto habla del paso del tiempo. ¿Huye usted de la nostalgia o puede ser un refugio?, le pregunta el reportero. Responde con su acostumbrada franqueza: “No, lo que uno tiene es la impresión de haber dejado de hacer muchas cosas importantes en la vida. Y de no haber comprendido del todo hasta qué punto la vejez es un problema, ese debilitamiento progresivo. Lo que me perturba más es el miedo a la demencia. A nuestro alrededor el alzhéimer hace estragos. Así que yo, para luchar contra eso, hago todos los días unos ejercicios de memoria y de atención”.

Explica: cada mañana va a su estudio, elije un libro al azar y traduce un pasaje a diferentes idiomas (inglés, francés, alemán, italiano). Lo hace para conservar su condición de políglota: “que para mí es lo más importante, lo que define mi trayectoria y mi trabajo. Trato de hacerlo todos los días… y desde luego parece que ayuda”, dice uno de los más grandes pensadores de nuestros días.

Lector de griego y latín, lee cotidianamente a los filósofos de la antigüedad, y poesía. “La poesía —comenta— me ayuda a concentrarme, porque ayuda a aprender de memoria, y yo siempre, como profesor, he reivindicado el aprendizaje de memoria. Lo adoro. Llevo dentro de mí mucha poesía; es, cómo decirlo, las otras vidas de mi vida”.

El periodista español le señala el desdén hacia la poesía en nuestro tiempo. “Algunos la consideran casi sospechosa”, le dice.

La respuesta de Steiner es rotunda: “Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria. El poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros, y tiene que ver con una función mucho más profunda que la del cerebro. Representa la sensibilidad, la personalidad”.

Con todo, es optimista sobre el futuro de la poesía, sin dejar de lado algunas inquietudes sobre el comportamiento de los jóvenes. “Vivimos una gran época de poesía, sobre todo en los jóvenes —dice—. Y escuche una cosa: muy lentamente, los medios electrónicos están empezando a retroceder. El libro tradicional vuelve, la gente lo prefiere al kindle… prefiere coger un buen libro de poesía en papel, tocarlo, olerlo, leerlo. Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial”.

La barbarie y el vacío

Elogio de la transmisión: maestro y alumno (Siruela, 2016) es un diálogo entre Steiner y Cécile Ladjali, maestra de literatura en una secundaria de un barrio marginal de París. Ella les enseñó a sus alumnos el camino de los clásicos y les pidió escribir sobre el mito de la caída.

El resultado, después de repetidos intentos, fueron 60 sonetos en los cuales “se reconocía la pálida silueta de Perséfone, la laguna Estigia y sus verdosas aguas, un blanco cabello de las Danaides, e incluso las añiles calderas del cristianismo”.

Le envió una carta a Steiner, acompañada del trabajo de sus discípulos. Tres días después recibió la respuesta, escrita a máquina, fechada en Cambridge el 24 de diciembre de 1998. Le decía: “Tanto su carta como los escritos de sus alumnos me han emocionado profundamente. No es en la universidad donde se libran las más decisivas batallas contra la barbarie y el vacío, sino en la enseñanza secundaria, y en barriadas deprimidas como la de Seine-Saint-Denis”.

Los sonetos se publicaron en el libro Murmures, prologado por el sucesor de Eliot en la cátedra de poesía de Harvard. Cécile Ladjali y Steiner continuaron su correspondencia, se hicieron amigos, participaron en un programa de la radio cultural francesa y su diálogo se recogió en Elogio de la transmisión, donde, entre otros temas, hablan de la creatividad y la escuela, de la gramática, de las clases y los maestros, de cómo transmitir el conocimiento y la pasión por la literatura.

Elogio de la dificultad

En el primer capítulo del libro, Ladjali y Steiner hacen un apasionado elogio de la dificultad: de la necesidad de superar obstáculos, de alcanzar todo con esfuerzo, solo así se aprecian y disfrutan los resultados.

Los alumnos de Ladjali no tenían libros; ella les ayudó a conseguirlos y los animó, primero a leerlos y luego a escribir, a expresar sus ideas con claridad, a trabajar los textos sin reposo. Con sus escasos medios, libraba su batalla contra la barbarie y el vacío.

El fraile piensa, con tristeza, en México, donde los políticos fomentan la molicie: las becas concedidas como dádivas y no como reconocimiento a la dedicación de los alumnos, el acceso a la educación superior sin ninguna exigencia, ni siquiera la de un genuino deseo de estudiar, el adiestramiento y no el desarrollo de los maestros como factores del cambio social. Todo esto, mientras el secretario de Educación visita escuelas para jugar cascaritas de futbol. Y ni eso le sale bien.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.