El santo oficio

Periodismo y poder

En el libro Primera página. Vida de un periodista, 1944-1988 (Debate, 2016), el cartujo se asoma a la historia de Juan Luis Cebrián, primer director del periódico El País y protagonista indiscutible de la transición española después de la larga dictadura del general Francisco Franco, venerado por nostálgicos de la mano dura y las buenas costumbres, como sucedió en México con Porfirio Díaz y sucedería en Chile con Augusto Pinochet. Como, tal vez, suceda en Cuba con Fidel Castro. Algunos sátrapas tienen su encanto, nadie lo duda.

De su infancia y juventud en el fascismo a su despegue y consolidación como el periodista más importante de la España democrática, Cebrián teje un relato colmado de revelaciones, de anécdotas, de razonamientos. Habla de sus convicciones profesionales, de sus intereses como intelectual, de sus relaciones —cercanas y muchas veces conflictivas— con el poder.

El terrorismo, la represión, la censura, las intrigas, las traiciones, la voluntad de construir un medio de comunicación comprometido con la democracia son algunos de los asuntos de Primera página, donde también, subrayadamente, se habla de las vicisitudes de la amistad.

El presidente y el periodista

Juan Luis Cebrián fue amigo cercano del presidente socialista Felipe González, con quien tuvo más de una controversia y una temporal ruptura por sus maneras opuestas de ver ciertos asuntos. Una noche, por ejemplo, después de una cena espléndida y una gran cantidad de copas en la residencia de La Moncloa, el presidente, irónico, le dijo si debía seguir al pie de la letra los editoriales de El País para hacer bien las cosas. Era un reclamo ante las críticas del periódico a su decisión de sacar a España de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sin considerar al mismo tiempo el peligro de quedar fuera de la Comunidad Europea, a la cual pretendía ingresar.

—De ninguna manera —le respondió Cebrián—. Los editoriales son una mera opinión. Tu responsabilidad es gobernar España. Tenemos trabajos distintos. El mío es hacer editoriales y para nada pretendo dictar o comprometer tus decisiones. Cada cual debe dedicarse a lo suyo.

Muchos años después de este episodio, el periodista reflexiona sobre la responsabilidad de los hombres de Estado, quienes sin desoír las críticas son capaces de tomar decisiones, así sean impopulares, en beneficio de sus pueblos. Dice: “Estoy convencido de que los gobernantes tienen acceso a información reservada y puntos de vista diferentes, amén de graves responsabilidades que justifican muchas veces sus actos frente a la mera expresión de opiniones por parte de los comentaristas; no digamos si estos son tertulianos de radio y televisión, entre los que suele florecer la facundia y la ignorancia, con las inevitables y honrosas excepciones. La prensa contribuye, al menos lo hacía de manera relevante hasta la aparición de las redes sociales, a la formación de la opinión pública en las democracias, pero no debe servir ni de acicate ni de paliativo a la hora de asumir la carga del poder por parte de quienes lo ejercen”.

Las críticas son parte de la vida democrática, algunas se hacen desde el conocimiento, otras desde la ignorancia, unas más con el hígado o bajo consigna. En cualquier caso, el peso de las decisiones de los gobernantes es de ellos, de nadie más.

Excentricidades mexicanas

Periodista, escritor, académico de la lengua española, Juan Luis Cebrián ha establecido relaciones con mandatarios e intelectuales de numerosos países. Entre sus amigos escritores estuvieron Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. Por el primero pudo acercarse a Fidel Castro, al cual retrató como un dictador capaz de cambiar de personalidad de un momento a otro. “En el espacio de segundos podía ser terrible, humano, cruel, divertido, trascendente”, cuenta en su libro. Fuentes lo condujo a Carlos Salinas de Gortari, describiéndoselo como el presidente mexicano más inteligente de cuantos había conocido. “Probablemente no le faltaba razón —dice el periodista—, pero la avaricia de dinero y poder acabó consumiéndole”.

Los lazos de Cebrián con nuestro país son antiguos. Ha conversado con todos los presidentes mexicanos desde Luis Echeverría, a quien conoció cuando había abandonado el poder. Con Ernesto Zedillo estableció vínculos de amistad; a Miguel de la Madrid lo recuerda como un intelectual respetable y, sobre todo, como una persona honrada. A José López Portillo como un buen conversador y un hombre culto. También trae a cuento su viaje a España en octubre de 1977, acompañado por su familia, secretarios de Estado, directores de periódicos, radio y televisión. El presidente mexicano, relata Cebrián, “se hizo famoso cuando nos visitó acompañado de una primera dama tan exuberante como escandalosa. La señora obligó a derribar un muro de su habitación en el hotel Princesa Sofía, de Barcelona, para introducir un piano de cola con el que le gustaba practicar. Cuenta la leyenda que además tuvo el imperdonable descuido de dejarse olvidada su ropa interior sobre el teclado”.

Primera página es un libro con suspenso, violencia, salidas inesperadas, deliberaciones sobre el mundo de la prensa y el poder, escrito por uno de los grandes periodistas de nuestro tiempo. Una recomendable lectura para este fin de año.

Queridos cinco lectores, con la triste noticia de la muerte del secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.