Vidas Ejemplares

Dos tipos de cuidado en Yorkshire

El 31 de diciembre de 1975, un hombre tocó en la puerta de la casa de la octogenaria Grace Adamson en Yokshire, al norte de Inglaterra. La anciana abrió confiadamente la puerta, lo que el individuo, vestido como policía, aprovechó para introducirse al inmueble. Antes de que la viuda reaccionara, el intruso le apuñaló el rostro, después el estómago y donde cayera la punta de su arma. Más de 40 heridas acabaron con la vida de la señora Adamson.

El extraño salió de la casa, enterró el arma punzocortante en un jardín y caminó tranquilamente hacia un pub, donde bebió un par de cervezas.

Tres días después, Stephen Wilson, un adolescente escolar de 16 años, esperaba la llegada del autobús que lo acercaría a su casa. De acuerdo con la declaración del menor, un hombre se le acercó y, sin mediar palabra, lo agredió en varias ocasiones con un arma punzocortante.

Terminada su labor, el agresor caminó un par de cuadras y abordó un taxi.

El adolescente sobrevivió el tiempo suficiente para describir al sujeto que lo atacó: 25 años, aproximadamente; cabello oscuro, largo hasta los hombros; chamarra negra y una maleta de hombro. Horas después de ser recogido por la ambulancia, Stephen murió.

Inicialmente las autoridades especularon que el asesinato de Grace Adamson lo había cometido el Destripador de Yorkshire, quien del 5 de julio de 1975 a septiembre de 1980 acabó con la vida de 13 mujeres, la mayoría prostitutas.

La hipótesis fue desechada de inmediato, pues la señora Adamson, por su edad, no encajaba en el perfil de mujeres que llamaron la atención del destripador, el señor Peter Sutcliffe.

Al otro día del ataque a Stephen Wilson, un conductor del taxi acudió a la policía; declaró que él había prestado servicio a un joven que escondía las manos sospechosamente. El trabajador señaló personalmente el domicilio al que había llevado al individuo. Las autoridades apostaron dos agentes vestidos de civil cerca de la entrada del inmueble.

Los policías ignoraban que al hombre que esperaban había hecho una cita con una aspirante a modelo que contactó a través del anuncio de una revista. La joven, Barbara Booth, de 25 años, aceptó reunirse con el “fotógrafo” que le haría unas imágenes de muestra.

El hombre llegó puntual al domicilio de Barbara. Minutos después, la mujer estaba tirada en el suelo, muerta a puñaladas. Cuando el agresor salía de la casa, vio al hijo de tres años de Barbara. El asesino no quería dejar “cabos sueltos”, por lo que el menor sufrió un destino similar al de su madre.

Era casi la medianoche cuando Mark Andrew Rowntree, de 24 años, llegó a su domicilio. No opuso resistencia al ser detenido.

La policía hizo su trabajo y descubrió que Rowntree padecía esquizofrenia, que provenía de una familia acomodada de Yorkshire, que fue un niño y adolescente altamente inteligente, y que repentinamente perdió interés en la escuela y se conformó, ya como adulto, con ser un modesto chofer de autobús.

Tenía complejo de inferioridad y el constante rechazo que sufrió por parte de las mujeres le provocó una misoginia severa, aunque se desconoce qué fue exactamente lo que detonó la furia que lo llevó a cometer cuatro homicidios en una semana.

Rowntree nunca mostró ni expresó remordimiento. Lamentó que lo detuvieran antes de cometer un quinto homicidio, con el que hubiera empatado el récord del hombre al que más admiraba: el británico Donald Neilson, La Pantera Negra, quien entre 1974 y 1975 acabó con la vida de cinco personas, cuatro hombres y una mujer.

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