Vidas Ejemplares

El "serial killer" al que admiraba la abuela Samsonova

El periodista Gary Lavergne (autor del artículo "The Legacy of the Texas Tower Sniper", publicado en The Chronicle of Higher Education abril 18, 2007), ha explicado por qué el mariner Charles Whitman fue la tarjeta de presentación de los asesinos masivos.

El 1 de agosto de 1966, Whitman ascendió a la torre de la Universidad de Texas, en Austin; desde ahí detonó 96 minutos de una furia silenciosa que terminó con la vida de 14 personas e hirió a 32 más.

No se sabe hasta dónde hubiera llegado el daño de Whitman de no haber sido por los disparos del policía local Ramiro Martínez, apoyado por el también uniformado Houston McCoy y el civil Jerry Day. Se ignora, asimismo, si el individuo se hubiera suicidado, como lo hace la mayoría de los asesinos masivos al verse acorralado por la policía.

Existe, eso sí, una carta que Whitman dejó en casa, donde escribió que estaba listo para morir mediante el suicidio o de manera espectacular, como finalmente sucedió.

La vigencia del episodio protagonizado por Whitman radica en que él fue, de alguna manera, el padre fundador, el pionero de los asesinatos masivos que cada año ocurren en el mundo, pero sobre todo en Estados Unidos.

Por el contrario, el asesino serial es ADN. Ninguno se parece a otro, es irrepetible en sus rituales, pulsiones y modo de operar; su cultura y genética personalizan su actuación, lo que no quita que muchos de ellos tengan sus "musos", gente que admiran, que los inspira, aunque no lo suficiente, para que con sus actos imiten a su predecesor.

En agosto pasado se dio a conocer la noticia de una aparentemente tímida anciana de 68 años, Tamara Samsonova, que asesinó a casi una docena de personas, a las que cortó sus cuerpos en trozos, en San Petersburgo, Rusia. En su investigación, las autoridades dieron con un diario escrito en alemán, ruso e inglés en el que con lujo de detalle Samsonova narraba los homicidios, desmembramientos y consumo de las partes que más le gustaban de sus víctimas.

Aunque la anciana no lo ha querido admitir, de acuerdo con algunos de sus conocidos, sentía admiración por un homicida serial soviético al que los medios llamaron El Carnicero de Rostov.

La ex trabajadora de hotel, que gustaba de leer temas de magia negra y consultar libros astrológicos, también tiene su mote: Baba Yaga, quien representa a una horripilante y sobrenatural anciana en el folclor eslavo.

Pues bien, el ídolo de la señora Samsonova, es decir, El Carnicero de Rostov, solo podía ser alguien de la talla de la anciana, y quien por supuesto también tenía debilidad por la carne humana.

El soviético carnicero es Andrei Chikatilo, que entre 1978 y 1990 asesinó a más de 50 personas, la mayoría mujeres, a las que el predador contactaba en estaciones de tren o paradas de autobús antes de llevarlas a lugares apartados del bosque ofreciéndoles dinero, alcohol o drogas.

En el aislamiento, con sus presas dopadas, Chikatilo desplegaba todo su terrorífico espectáculo. Era un viscerófilo que obtenía placer destripando a sus víctimas, extirpando genitales, masturbándose en los tibios intestinos, cortando lenguas y extrayendo globos oculares. Chikatilo fue una fuerza devastadora para las cavidades corporales que sufrieron sus embates.

Y no es que la señora Tamara Samsonova pegara pósters de Chikatilo en las paredes de su recámara. No, pero, de acuerdo con su vecina Marina Krivenko, quien conoció a la anciana por 15 años, la abuela estaba muy interesada "en el maniaco Chikatilo".

"Coleccionaba información de él y le gustaba comentar la forma en que él [Chikatilo] cometió sus homicidios", explicó Krivenko a un medio local días después de que La Abuela Caníbal fue detenida.

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