Vidas Ejemplares

Un sándwich para el adiós de un asesino serial

Herb Baumeister era un lobo oculto dentro de un gallinero. Aunque algunos de sus conocidos consideraban que era un tipo raro, otros estaban seguros de que era un hombre normal, con gran habilidad para los negocios.

Casado, con tres hijos, en 1988 abrió, con 4 mil dólares prestados por su madre, la cadena de tiendas de artículos de segunda mano Sav-A-Lot. Sin embargo, todo en la vida de Baumeister era una fachada.

Cuando el investigador privado Virgil Vandagriff comenzó a acercarse a la verdad, el rostro oculto, desconocido de Baumeister salió a la luz. Por ejemplo, Julie, la esposa, declaró que en 25 años de casados solo habían tenido seis episodios de relaciones sexuales.

Las constantes incursiones nocturnas del hombre a los distritos rojos de Indianápolis terminaron por reflejarse de forma negativa en su negocio. Para mediados de los años 90, la cadena Sav-A-Lot iba en picada. Uno de los empleados señaló que Baumeister se perdía por horas. Al regresar, completamente ebrio, gritaba a sus trabajadores, los humillaba.

El dueño de la empresa, quizás consciente de que en cualquier momento podía ser detenido, perdió todo interés en su empresa.

La caída de Baumeister comenzó cuando el homosexual Tony Harris (el nombre real se mantiene a resguardo) se acercó al agente Vandagriff y le narró una historia que en primera instancia daba la apariencia de ser producto de una imaginación vivaz.

Explicó que uno de los muchos jóvenes gay desaparecidos en los bares de Indianápolis era amigo suyo y que la última vez que lo había visto estaba en compañía de un hombre al que conocían como Brian el Guapo.

Harris decidió presentarse con Brian en un bar gay y entablar conversación. Después de platicar un rato, Brian pidió a Harris que lo acompañara a una casa que tenía en una zona boscosa. Al entrar al inmueble, el invitado vio ropa de mujer y algunos juguetes de niño.

En la que era una especie de estudio, Brian tenía una colección de maniquíes. “Es que en muchas ocasiones me siento solo”, expresó Brian.

Ya en confianza, el dueño de la casa indicó que le gustaba el sexo con hombres, acompañado de sofocación con alguna cuerda. “Cuando una persona está a punto de morir por asfixia, la sensación sexual es increíble”, dijo Brian. “Házmelo”, pidió.

Harris cumplió el deseo de su compañero, solo que le tocó corresponder de forma similar la solicitud de Harris. En un momento del ritual, el invitado perdió el conocimiento. Al despertar, Brian dijo que era momento de marcharse. Subieron al auto y Harris fue dejado nuevamente en el centro, sano y salvo.

Solo Vandagriff creyó la historia y pidió a Mary Wilson, especialista en casos de desaparición, que le ayudara en la investigación.

El problema es que Harris no recordaba la ubicación exacta de la casa y nunca se le ocurrió apuntar el número de la placa del auto de Brian. Un año transcurrió para que Brian y Harris volvieran a encontrarse en un bar gay. Esta vez, Harris no olvidó apuntar en papel la marca del carro y el número de placas.

Cuando finalmente Vandagriff y un grupo de policías acudieron a investigar la casa perteneciente a Herb Baumeister, la esposa de éste impidió que se revisara el inmueble. Cuando cedió, seis meses después,
los agentes hallaron miles de huesos pertenecientes a 20 personas enterradas en la propiedad. Todos eran esqueletos de hombres: las víctimas gay de Baumeister.

Herb Baumeister nunca aceptó su culpabilidad en los homicidios ni fue detenido. Huyó hacia Canadá, donde se suicidó de un tiro en la cabeza. Sus palabras finales, plasmadas en una nota, no fueron para sus víctimas. Escribió que se había preparado un sándwich con crema de cacahuate, “antes de irme a dormir”.

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