Vidas Ejemplares

Un príncipe azul para corazones solitarios


Pocas, muy pocas personas han llegado al patíbulo con la tranquilidad de Harry F. Powers, quien la noche del 18 de marzo de 1932 subió uno a uno los 13 escalones de madera que conducían a la trampa que se abriría una vez que el cuello del reo fuera rodeado por la soga y el capellán de la prisión dijera su plegaria.

De acuerdo con un comunicado dado a conocer al día siguiente por las autoridades de la Penitenciaría Estatal de Moundsville, en West Virginia, el hombre, culpable de los homicidios de dos mujeres adultas y tres menores, caminó cada peldaño sin ayuda, pese a que sus brazos y piernas estaban casi inmovilizados por un arnés. No denotaba nerviosismo. 42 espectadores conformaban el público que atestiguaría la ejecución.

Powers vestía impecablemente un traje oscuro, su rostro estaba limpio, recién rasurado y daba la apariencia de tener una condición física envidiable. “Hasta parece que va a pedir la mano de su novia”, dijo uno de los testigos. Una exclamación que no dejaba de tener su dosis de ironía, si se considera que Powers había elegido a sus víctimas a través de los anuncios de “corazones solitarios” en diversas revistas, señalando que buscaba amor y una mujer con quien casarse, aunque al final las mujeres lo único que encontraron fue la muerte.

Al llegar a la parte superior del patíbulo, y antes de que el verdugo oficial le colocara la máscara negra y la soga alrededor del cuello, los ojos azules del hombre miraron a la multitud congregada. El capellán preguntó al sentenciado si deseaba decir algo. Con voz firme, Powers dijo que así estaba bien.

La trampa se abrió y el cuerpo del reo cayó pesadamente. No hubo espasmos, a decir de los testigos. 11 minutos después, el médico de la prisión declaró oficialmente la muerte de Harry F. Powers.

Herman Drenth (nombre verdadero de Powers) nació en 1892 en los Países Bajos. Llegó con su familia a Estados Unidos en 1910. Tras un periodo corto en Iowa, los Drenth se mudaron a West Virginia.

Una cosa tenía clara Herman: él no deseaba ser granjero como su padre. Tenía en mente aprovechar todas las oportunidades que le brindaba Estados Unidos para hacer dinero. Eligió ser vendedor de alfombras de puerta en puerta y vivir de mujeres solitarias que buscaban a su príncipe azul en las páginas de los anuncios clasificados.

Pese a estar casado con Luella Strother, el improvisado don Juan recibía entre 15 y 20 cartas diarias, rosas y perfumadas.

En 1931, Powers contactó a Asta Eicher, viuda, madre de tres hijos, residente de Park Ridge, Illinois. Después de ganarse la confianza de la mujer, el individuo le pidió que le diera una cantidad (no determinada en los registros) de dinero. La viuda y sus hijos —Greta, Harry y Annabel—“emprendieron un viaje a Europa”.

La víctima siguiente fue Dorothy Pressler Demke, de Northboro, Massachusetts. Para arreglar su boda con Powers dio a éste 4 mil dólares. La mujer simplemente desapareció.

Los cuerpos de las cinco personas fueron encontrados en las cañerías debajo del garaje de la casa de Powers. ¿Cómo le hizo para asesinar y ocultar los cadáveres sin que su esposa se enterara? Es un misterio, como también lo es el paradero de un  vendedor, compañero del criminal llamado Dudley C. Wade, quien desapareció en mayo de 1928, después de cometer un fraude en compañía de Powers contra la empresa en que ambos trabajaban. Wade nunca fue encontrado.

Asimismo, había fuertes indicios de que Powers había sido el asesino de una mujer en Illinois. Tras desaparecer por varias semanas, el cadáver de ella fue encontrado por una sirvienta, oculto en un armario, envuelto en sábanas y plástico. La servidora reconoció a Powers mediante unas fotos.

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