Vidas Ejemplares

El policía que asesinó después de ganarse la lotería

A principios de los años 80 del siglo pasado, el alemán Norbert Poehlke ganó 30 mil marcos en la lotería. Con el dinero, el hombre cumplió su sueño: construir una casa de campo a las afueras de Stuttgart.

Solo que las cuentas no le cuadraron, se gastó su fortuna, obtuvo créditos bancarios y para 1984 las deudas lo ahogaban.

Optó por idear un plan de amortiguamiento financiero, que incluía retomar su plaza de sargento de policía adscrito a una unidad de perros. La segunda parte del plan fue más agresiva.

El 3 de mayo de 1984, unos patrulleros encontraron a la orilla de una autopista el cuerpo de Siegfried Pfitzer, de 47 años, asesinado por un disparo en la cabeza. El auto del hombre fue hallado casi un kilómetro más adelante de donde Pfitzer fue ejecutado. La unidad había sido utilizada en el robo de un banco en Erbstetten. El vidrio del lado del piloto estalló a causa, al parecer, de un pesado martillo.

A las autoridades les llamó la atención que la ventanilla del banco también fue rota por un martillo que el ladrón utilizó antes de embolsarse unos 5 mil marcos.

Para cerrar el año, el 21 de diciembre, el vacacionista británico Eugene Wethey fue asesinado de un tiro en la cabeza mientras reposaba al lado de su vehículo. El auto no se halló de momento sino una semana después, cuando fue utilizado para realizar un robo en Baden-Württemberg. El monto del atraco fue de 79 mil marcos.

La investigación policiaca comenzó a rendir frutos. Los agentes sabían que el criminal mataba para obtener un vehículo que le sirviera para sus robos, que no atacaba a los empleados bancarios ni al público, que utilizaba un martillo para salvar los escollos que se le presentaban y que el arma que utilizaba para asesinar era reglamentaria de la policía alemana: una Walther P5.

El 22 de julio de 1985, un joven de 26 años, Wilfried Scheider, fue asesinado en un aparcadero de Beilstein-Schmidhausen. Su auto fue robado y se utilizó para el atraco de un banco. El arma utilizada en el delito fue la misma que se accionó en los homicidios de Pfitzer y Wethey.

Las autoridades vigilaban de cerca los movimientos de sus policías. Así, el 29 de septiembre de 1985, una unidad antibombas acudió a un llamado en la estación de trenes de Ludwigsburg. No se halló algún artefacto explosivo, pero sí un uniforme de policía en uno de los casilleros; pertenecía al inspector en jefe Norbert Poehlke, un veterano oficial con 14 años de servicio en Stuttgart.

Al ser interrogado, Poehlke señaló que había dejado su uniforme en la estación de trenes porque se cambió de prisa para ir al funeral de un familiar. La coartada parecía lógica; sin embargo, los agentes descubrieron que el último familiar muerto de Poehlke era una hija que había perdido la batalla contra el cáncer dos años antes.

La renuncia de Poehlke como policía despertó mayores suspicacias, por lo que se ordenó su detención inmediata.

Un grupo de agentes se presentó al domicilio del sospechoso, pero nadie respondió desde el interior. Al ingresar, los uniformados encontraron los cuerpos de Ingeborg, la esposa de Poehlke, así como del hijo mayor del individuo: fueron asesinados con disparos en el cabeza.

¿Dónde estaba Norbert Poehlke y su hijo menor? El 23 de octubre siguiente, unos patrulleros encontraron un auto estacionado al lado de una carretera de la localidad italiana Canno Torre. En el interior estaban los cadáveres de Poehlke y de su hijo menor. El ex policía disparó a su hijo antes de suicidarse.

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