Vidas Ejemplares

Con la pistola que le regaló papá

Los asesinatos en masa son una especie de deporte nacional en Estados Unidos, en especial los que van dirigidos contra minorías sociales o grupos vulnerables. Desde que el 1 de agosto de 1966, el marine Charles Whitman subió al mirador de la torre de la Universidad de Texas y con extraordinaria puntería asesinó a 15 personas e hirió a otras 31, no pasa un año en que este tipo de homicidios no se repita.

Ahora ha tocado turno a la comunidad afroamericana de Charleston, en el estado Carolina del Sur, EUA, sufrir la devastación provocada en esta ocasión por un joven blanco de 21 años, quien entró a la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel, permaneció sentado por espacio de una hora, antes de levantarse y comenzar a disparar contra los feligreses.

De acuerdo con una sobreviviente, el agresor recargó su arma al menos en cinco ocasiones mientras gritaba: “Tengo que hacerlo... Ustedes violan a nuestras mujeres y están tomando nuestro país y se tienen que ir”. Por supuesto, las autoridades locales se han referido al ataque perpetrado por Dylann Roof como “crimen de odio”.

Los hechos, ocurridos a las nueve de la noche del pasado miércoles, han sacudido a la comunidad afrocaribeña, pues entre las seis mujeres y tres hombres asesinados estaba el senador estatal Clemente Pinckney.

No ha faltado el mensaje de condolencia del presidente estadunidense Obama, quien nuevamente habló sobre la necesidad de debatir el control de armas en su país, un llamado de ocasión cada que ocurre un episodio de similar naturaleza en la nación del norte.

De acuerdo con las investigaciones, el arma que utilizó el muchacho fue un regalo que le hizo su padre. No es la primera ocasión que un presente similar se convierte en un mensajero letal.

La mañana del 29 de enero de 1979, la adolescente Brenda Spencer decidió matar su aburrimiento disparando contra unos niños que ingresaban a la escuela primaria Grover Cleveland, en San Diego, California.

El rifle calibre .22 utilizado por Spencer, de 16 años, era un regalo que su padre le había hecho en Navidad. En el caso de esta menor, no hubo odio de por medio; solo buscaba divertirse en algo que menguara el aburrimiento que sentía los lunes. Sus palabras reducen la alienación en que Spencer vivía: “Fue algo divertido. Los niños caían como los patos del tiro al blanco que hay en las ferias”.

Donde sí hubo odio, y mucho, fue en el asesinato masivo orquestado por Patrick Purdy, un vagabundo con antecedentes penales y de abuso de drogas, que el 17 de enero de 1989 asesinó a cinco niños e hirió a 29 más dentro de las instalaciones de la Escuela Elemental Cleveland, en Stockton, California.

Las víctimas fatales y heridos de Purdy fueron, en su mayoría, migrantes camboyanos y vietnamitas. El agresor se suicidó a los pocos minutos de que llegó la policía.

Dylann Roof, de acuerdo con el testimonio de uno de sus tíos, era un joven solitario que pasaba gran parte de su tiempo encerrado en su cuarto. El mismo familiar añadió que su sobrino parecía “estar a la deriva”, aunque nunca creyó que el muchacho fuera capaz de hacer algo como lo que hizo.

Sus amigos tampoco se imaginaban que Dylann albergara una idea de esa naturaleza, pues era una persona tranquila y agradable; sin embargo, el joven, rubio, de complexión delgada, ya había enfrentado un delito relacionado con drogas, además de que había sido detenido por allanamiento de morada, aunque la información no precisa a qué edad cometió ambas infracciones.

Fue un amigo de Dylann el que alertó sobre su paradero al Buró Federal de Investigaciones; 13 horas después de matar a seis personas, el sospechoso fue detenido en un control de tráfico.

 

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